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Archive for 19 19+01:00 agosto 19+01:00 2010

El vertido del Golfo de México evidencia la necesidad de poner fin a las perforaciones petrolíferas en el mar.

Esta semana ha visto la luz un nuevo informe sobre los impactos del vertido del golfo de México, coincidiendo con la presencia del barco de Greenpeace Arctic Sunrise a la zona.

El informe, que ha sido elaborado conjuntamente por el centro Georgia Sea Grant y la Universidad de Georgia, concluye que casi el 80% del petróleo vertido tras la explosión de la plataforma Deepwater Horizon sigue en aguas del golfo.

El petróleo que se ha disuelto en el agua no ha desparecido,
como BP pretendía dar a entender y como sugerían otros informes anteriores, y según declara Charles Hopkinson, director del centro Georgia Sea Grant, tardará muchos años en desaparecer por completo.

El informe, que se publicó ayer y viene firmado por cinco de los científicos marinos más prestigiosos de Estados Unidos, constata que los procesos naturales de degradación o evaporación del petróleo complementan las tareas de limpieza de las aguas del golfo de México. Efectivamente, el petróleo se diluye y se degrada pero los científicos resaltan que este proceso es mucho más lento de lo que cualquiera querría pensar. Lo anterior es fácil de entender si tenemos en cuenta que, para que el petróleo se evapore, hace falta que esté en superficie y que, dada la gran profundidad del vertido buena parte del mismo permanece todavía en el fondo del océano.

No en vano, según los cálculos estimativos en los que se basa la investigación, este proceso, junto con la limpieza de la zona, tan solo ha conseguido retirar el 21% de la cantidad vertida.

Estamos ante una catástrofe ambiental de consecuencias todavía desconocidas tanto a nivel ecológico como económico y sanitario, porque ya se han detectado las primeras trazas del vertido en la cadena trófica, es decir, que la contaminación podría incluso llegar al ser humano. Reparar todos estos daños va a ser un proceso extremadamente largo y costoso, no sólo para BP sino también para la Administración estadounidense.

Es por lo tanto evidente que nuestra dependencia del petróleo no implica solo un constante riesgo de contaminación marina o ambiental, sino también sanitario y económico. Y llegados a este punto una se pregunta ¿tenemos que seguir pagando todos con nuestros impuestos, y con nuestro medio ambiente y nuestra salud el enriquecimiento de unos pocos? A mí me parece que no.

Aida Vila, campaña de energía y cambio climático

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Ya sabéis que Islandia se niega a firmar la moratoria de la Comisión Ballenera Internacional para el fin de la caza de ballenas.

Ya sabéis que Islandia se niega a firmar la moratoria de la Comisión Ballenera Internacional para el fin de la caza de ballenas. Este país, junto con Noruega y Japón, insiste en rechazar la moratoria y además establece de manera unilateral la cuota de caza de ballenas que va a realizar cada año.

Japón se escuda en la supuesta caza “científica”. Greenpeace Japón ya denunció hace dos años que esto era una burda excusa y que la carne “científica” se vendía en el mercado negro con el  consentimiento de la agencia de pesca de Japón y del Gobierno. Greenpeace Japón denunció este hecho y, sin embargo, ahora dos personas, Junichi y Toru, se enfrentan a año y medio de prisión, por defender a las ballenas. Islandia, sin embargo, utiliza la excusa de la crisis: dicen que cazar ballenas da empleo y dinero.

Nuestros compañeros de Greenpeace Japón siguen defendiendo a las ballenas y nos cuentan que en el mes de junio Islandia exportó un total de 33,4 toneladas de carne de ballena a Japón, con un valor comercial de aproximadamente 300.000 euros.

Hagamos cuentas: los balleneros japoneses cazaron en la Antártida esta temporada unas 2.046 toneladas. La compañía ballenera de Islandia (propiedad de K. Loftsson) tenía almacenadas unas 1.500 toneladas de la carne de ballena al final de la temporada de 2009. Desde entonces ha añadido al menos otras 800 ó 900 toneladas a sus reservas, ya que continúa cazando ballenas como os comentamos en el blog anterior.

Si sumamos nos encontramos con que la cantidad de 33,4 toneladas representa el 1,6 % de la captura más reciente realizada en la Antártida y el 2,2 % de las toneladas almacenadas en Islandia de la temporada de caza anterior (2009). Si se sigue cazando ballenas a este ritmo, dicha compañía venderá la carne ballenera que capturó en 2009 dentro de 23 años, es decir, en 2033.
Si se revisan las estadísticas de exportación mensuales, no salen las cuentas. Islandia no está exportando tanto a Japón, su principal mercado, como para cubrir los gastos que le supone la caza de ballenas. Si su única justificación para seguir con esta horrible práctica es la economía, ¿por qué siguen empeñados en cazar ballenas?

Celia Ojeda, campaña de océanos

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