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Archive for 31 agosto 2010

Un activista de Greenpeace en la plataforma petrolífera Cairn Energy

A las 5,30 de esta mañana el buque Esperanza lanzaba sus lanchas a las brumosas aguas árticas de la bahía de Baffin de camino a la instalación de perforación en aguas profundas, Stena Don, de la empresa  Cairn Energy.

Un grupo de cuatro escaladores, con mucha experiencia, escalaron la plataforma para poner fin a la perforación y defender el Ártico. Tenían que correr más rápido que la marina danesa y esquivar las fuerzas especiales para subirse a la plataforma, y ¡lo han logrado! Están preparados para poder aguantar varios días bloqueando la plataforma ya que si logran detener las labores de perforación tan solo durante un corto periodo de tiempo, la empresa petrolera tendría serias dificultades para completar la exploración antes de que comiencen las duras condiciones invernales que obligarían a parar las operaciones hasta el próximo año. Ojalá esto dé tiempo suficiente para lograr una prohibición mundial de estas operaciones en aguas profundas.

El buque de Greenpeace llevaba 9 días junto a la instalación de perforación en aguas profundas de Cairn Energy y a su enorme barco de perforación.

El frágil entorno al oeste de la isla Disko se conoce como el “callejón de los icebergs”, debido a su abundancia en la zona y a las condiciones ambientales extremas. Esto había disuadido a las compañías petroleras de operar en la zona hasta el momento.

Sin embargo, las grandes petroleras vienen observando con atención las actividades de Cairn, Exxon y Chevron están a la espera de ver si Cairin Energy consigue lo que nunca se había hecho: sacar petróleo en condiciones tan extremas de frío y profundidad. Si lo consiguiese, este sería el comienzo de una nueva fiebre del oro negro allá donde es imposible reaccionar rápidamente en caso de vertidos, en un entorno de los más hostiles y frágiles del Planeta.

Activistas de Greenpeace, se acerca a la plataforma de Cairn en el Ártico.

Ahora muchas personas saben lo que Cairn Energy está haciendo en el Ártico. Y desde Greenpeace estamos realizando la acción de hoy porque, simplemente, no es posible sentarse a esperar a que ocurra un accidente aquí como en el golfo de México. Del mismo modo no podemos permitir quemar más petróleo poniendo más aún en peligro nuestro clima.

Pero hay límites a lo que pueden hacer los activistas en el Ártico… pero en la Red, con tu ayuda, realmente se puede hacer mucho más, dando a conocer esta historia. Puedes pasarla a todos tus contactos y pedirles que hagan lo mismo. También puedes pasarles un decálogo fácil para reducir el consumo de petróleo. Tal vez juntos podemos hacer que el mundo vaya más allá del petróleo e invierta en un futuro más limpio, más seguro para todos nosotros.

Sara Pizzinato, campaña de clima y energía de Greenpeace

– Noticia: Greenpeace detiene la perforación de un pozo petrolífero en el Ártico

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El deshielo del Ártico

“¿Soy un activista si lucho por garantizar un futuro a mis nietos? Entonces lo soy”. Estas palabras las pronunció recientemente James Hansen, un científico estadounidense que nació en 1941 en el seno de una familia conservadora y que a lo largo de su carrera trabajó de investigador en instituciones tan prestigiosas como la NASA o la Universidad de Columbia.

Hansen, que ha contribuido enormemente a las investigaciones en materia de cambio climático, no se ha identificado nunca con la figura del activista y ni siquiera se permitía utilizar su perfil público como científico para difundir el resultado de sus investigaciones. Sin embargo, los asombrosos avances del cambio climático hicieron que en 2004 rompiera ese pacto consigo mismo y, después de 15 años de trabajo en la sombra, diera una conferencia sobre la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, criticando a la administración Bush por su falta de compromiso al respecto. No estuvo solo en esta charla, pues sus nietos participaron ayudándole a exponer de una forma gráfica las causas y consecuencias de la crisis climática.

Imagen aérea del Ártico

Tenía claro que el planeta estaba llegando a su punto de inflexión: el deshielo de los polos y los glaciares, el aumento de las temperaturas medias, el estrés de multitud de especies al borde de la extinción y millones de personas azotadas por fenómenos meteorológicos extremos eran muestras claras de ello. Era urgente restablecer el equilibrio y para ello debía dejarse de quemar carbón y petróleo para invertir en energías renovables. Lo sabía él, lo sabían los políticos y lo sabía cualquiera que se molestara en informarse mínimamente… Entonces, ¿por qué no se pasaba a la acción?

Catorce meses después de la primera conferencia ante los medios, llegó la segunda, esta vez para  exponer las implicaciones políticas y económicas de la lucha contra el cambio climático y criticar a la industria de los combustibles fósiles por financiar el negacionismo y sembrar la duda sobre un tema tan serio. Sus nietos no le acompañaban en esta ocasión pero tenían un papel mucho más importante: se habían convertido en el motor de su trabajo desde que se dio cuenta de que no podía  explicarles que su futuro estaba en peligro sin empezar a hacer todo lo posible por ayudarles.

Empezó a escribir a los políticos y a viajar por todo el mundo y se sorprendió ante lo que estaba sucediendo: había un conocimiento absoluto de la gravedad de la crisis climática pero potentes intereses económicos impedían pasar a la acción. Los gobiernos de todo el mundo, cuya responsabilidad es garantizar el futuro de las generaciones venideras, estaban centrados precisamente en lo contrario: añadir ceros a las cuentas corrientes de las grandes petroleras. Incluso los gobiernos más verdes, punteros en muchos otros temas relacionados con la ecología, preferían estar del lado del sector de los combustibles fósiles que del de la ciencia en esta cuestión.

El sector petrolero marcaba los pasos a la política climática y por un momento creyó que la lucha estaba perdida. No había otro lobby tan poderoso como el del dinero… ¿o sí? Se dio cuenta de que los mayores avances sociales se han conseguido, a lo largo de la historia, con otro poder diferente del del dinero: el de la gente.

Hoy está convencido de que si la ciudadanía se involucra de forma masiva en esta lucha será posible frenar el cambio climático a tiempo, porque somos muchos y cada uno es importante en la tarea de devolver la cordura a nuestros políticos. “¿Es esto activismo?” Se pregunta. “¡Entonces estoy orgulloso de formar parte de él!”

La versión completa de este ensayo titulada “Activismo” se publica en el libro “Th Day After Tomorrow” (El día después de mañana) del Dr James Hansen.

Aida Vila, campaña de cambio climático

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¿Qué cosecha de algodón?

Hace una semanas Greenpeace presentaba “Recolección del algodón: la elección entre el algodón ecológico y el transgénico para el campesinado en el sur de la India” , un informe sobre la dura situación de los productores de algodón en la India. Explicábamos la situación de pobreza extrema entre los campesinos y cómo las promesas de las multinacionales que quieren imponer sus semillas transgénicas no solamente no se han cumplido, sino que quienes han optado por cultivar algodón ecológico han obtenido mejores cosechas y mucha mayor seguridad financiera que los que se han visto obligados a sembrar el  transgénico.

El pasado día 24 de agosto la organización agraria COAG, que aglutina a la inmensa mayoría de los productores de algodón en España, hacía pública en Andalucía junto a Greenpeace su política en materia de algodón transgénico, afirmando que tras el algodón transgénico se esconde “un gran engaño”. Prácticamente todo el algodón que se cultiva en España se sitúa en esa comunidad autónoma, y por lo tanto, de aprobarse el cultivo de algodón transgénico en un futuro, esta sería la región más agraviada.

El Secretario de Organización de COAG Andalucía y el Responsable Sindical de COAG Sevilla afirmaron que, al igual que en el informe de Greenpeace en la India, y a pesar de que las condiciones económicas y sociales son muy distintas en los dos países, en Andalucía  “el transgénico aceleraría el desmantelamiento del sector del algodón”. Está en juego la economía de miles de familias, de decenas de pueblos que dependen hoy del algodón en Sevilla y Cádiz y, según datos de COAG, un millón de jornales.  “Esto no se solucionará con los transgénicos sino con políticas de apoyo público y con técnicas sostenibles, etc.”

Determinadas organizaciones agrarias (como ASAJA o UPA) defienden sin pruebas el algodón transgénico. Un ejemplo lo encontramos en el manifiesto conjunto de las multinacionales del sector de los transgénicos y de sus socios industriales.

Sin embargo, quienes representan realmente a la mayoría de los algodoneros afirman que “con el algodón transgénico las cuentas no salen. Las voces que defienden su rentabilidad están haciendo demagogia, sin aportar datos rigurosos. Quienes nos acusan de anacrónicos o de oponernos al progreso sólo venden humo y no presentan números convincentes, porque con el transgénico las cuentas sólo le salen a Monsanto”.

Las empresas y los gobiernos quieren seguir inundándonos de transgénicos. En la India como en España la mayoría de la población agraria y urbana dice NO a los transgénicos. Ciberactúa ya

Ayúdanos a seguir diciéndole a los responsables de la UE que esto no es lo que los ciudadanos quieren,

Juan Felipe Carrasco, campaña de transgénicos

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Hace décadas que los países desarrollados empezamos a preocuparnos por la contaminación de “nuestro” medio ambiente, las grandes fábricas con grandes vertidos y mayores chimeneas no sólo eran paisajísticamente feas sino muy contaminantes… Antes de darnos cuenta ya nos habíamos cargado muchos de “nuestros” ríos que han tardado años en recuperarse. Nunca del todo, por cierto.

Para ello tuvimos que prescindir de las fábricas, prohibir vertidos, pero no quisimos prescindir de “nuestro” nivel de consumo y tuvimos que buscarnos nuevos terrenos. Así se ha desplazado una gran parte de la producción de “nuestros” productos de consumo a tierras lejanas, contaminando, como nosotros ya no aceptaríamos, “sus” ríos, por poner un ejemplo.

Esta semana Greenpeace ha presentado un informe que nos cuenta mucho sobre esto. “Nadando en químicos” nos revela como, mientras existen contaminantes que están decreciendo en muchos lugares del mundo como efecto de la aplicación de leyes ambientales, no está pasando lo mismo en China. Todo lo contrario.

Greenpeace ha encontrado niveles muy elevados de tóxicos en peces a lo largo del río Yangtze. Se trata de sustancias como  metales pesados, alquilfenoles y sustancias perfluoradas. Muchas de ellas son persistentes y bioacumulativas pero todas muy peligrosas. Si a este hecho le unimos que no existen límites legales de vertido para la mayoría de estas sustancias en China, los científicos estiman que la tendencia en China será opuesta a la que se ha vivido en otros lugares del mundo y la contaminación seguirá creciendo.

No se puede cerrar los ojos a esta realidad, no es “nuestro” entorno más directo pero si “nuestro” consumo y, en consecuencia, “nuestra” responsabilidad. China está desarrollando un crecimiento imparable que no debe ir a costa del deterioro ambiental y de salud de su población. Es imprescindible revertir esta tendencia tóxica y de injusticia ambiental. Que el desarrollo vaya acompañado del de una gestión del riesgo químico basado en el principio de precaución y el de sustitución. Ni más ni menos que como el que hemos querido para “nosotros” y para que poco a poco “nuestro” planeta sea un poco menos tóxico.

Sara del Rio, campaña de contaminación

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Un equipo de Greenpeace a bordo del Esperanza ha llegado al Ártico esta semana.

El cambio climático es una realidad incuestionable y para muestra un botón, o varios, en forma de los impactos que están sufriendo millones de personas este verano. Los únicos que niegan el cambio climático son los miembros del llamado movimiento “negacionista”, financiado por las principales compañías petroleras del mundo.

Cuando la quema de combustibles fósiles es la principal causa del cambio climático, a nadie se le escapa el interés de estas compañías en negar la mayor. Pero a lo mejor lo que sí pasa desapercibido es que estos mismos “negacionistas” son quienes más se pueden beneficiar de sus impactos. No en vano, el deshielo progresivo en el Ártico representa la principal oportunidad de negocio del sector petrolero en la actualidad: la posibilidad de poder perforar en un futuro cercano todo el año, en una zona que según varios estudios acumula el 22% de las reservas de petróleo por descubrir.

No obstante, la realidad a día de hoy es que estos yacimientos en aguas profundas son muy inaccesibles y están cubiertos por espesas capas de hielo la mayor parte del año, por lo que su explotación solo es posible en verano. Cualquier fuga que se prolongara hasta el invierno quedaría fuera de control una vez que la zona se cubriera de hielo.

Gaviotas posadas en la parte superior de un iceberg

Precisamente para denunciar estos riesgos y para evitar que la empresa británica Cairn Energy siga poniendo en peligro uno de los ecosistemas más frágiles del planeta un equipo de Greenpeace a bordo del Esperanza ha llegado al Ártico esta semana, rodeado, eso sí, de un gran despliegue de fuerzas de seguridad danesas y bajo la amenaza de detención si se acerca a más de 500 metros de la zona de perforación.

No deja de sorprender que las autoridades que deberían estar protegiendo la flora y la fauna que son patrimonio de la humanidad protejan, en su lugar, los intereses económicos de unos pocos, los de Cairn Energy, en este caso. Y que a la pregunta de cuáles son los planes de emergencia en caso de accidente, el Gobierno danés no tenga nada más que decir que “los pozos quedarán sellados en septiembre para pasar el invierno”… Una afirmación que sería más fácil de creer si no hubiéramos sido testigos de las dificultades que ha tenido BP frenar el vertido en el golfo de México.

El cinco de agosto, un glaciar en la costa oeste –donde se perfora– se desprendió una placa de hielo de un tamaño que duplica el de la ciudad de Barcelona. El deshielo ya ha provocado que la superficie del Ártico sea hoy un 22% menor que la media del periodo 1979-2000, pero mientras algunos nos echamos las manos a la cabeza otros se las frotan pensando en el negocio que se les viene encima.

Hoy he leído el blog que un periodista británico escribe desde el Arctic Sunrise, en  expedición por el golfo de México para evaluar los impactos del vertido de BP. Contaba lo contento que está por estar a bordo y lo rápido que se ha adaptado a la rutina del barco y dejaba, a modo de reflexión final, estas líneas: “En un barco eres consciente de lo vulnerable que eres frente a la naturaleza y de lo escasos que son tus recursos. Solo tienes lo que conservas a bordo. Lo mismo deberíamos sentir en la tierra, porque no es nada más que el barco en el que navegamos y, sin embargo, nos lo estamos cargando”.

Si tu también quieres pedirle a Cairn Energy que deje de perforar el Ártico, ciberactúa en el siguiente enlace: CIBERACTÚA

Aida Vila, campaña de cambio climático


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Tripulantes del barco Esperanza de Greenpeace en zodiac inspeccionando una zona de la Antártida

Los negacionistas, esas personas que se entretienen cada día negando las evidencias científicas y los impactos que el cambio climático está ocasionando en el planeta en lugar de actuar, se han quedado sin uno de sus argumentos preferidos, ese que dice “¿cómo va a haber cambio climático si está aumentando el hielo en la Antártida?”. La ciencia, una vez más, ha venido a “descongelar” la confusión.

Científicos del Instituto de Tecnología de Georgia han determinado que el calentamiento de la atmósfera, el mismo que causa el deshielo en el Polo Norte, está provocando que el ciclo de precipitaciones se acelere, por lo que ahora nieva más en el confín sur del planeta, la Antártida.

Esa mayor cantidad de nieve, aísla la capa superior de las zonas congeladas de la Antártida y la protege. El segundo efecto beneficioso de esta nieve es que refleja los rayos de sol, lo que también contribuye a que se preserven las bajas temperaturas.

Pero no nos podemos dejar engañar por este espejismo: el calentamiento global producido por el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera ya está acelerando el deshielo de los glaciares en el Ártico y según predicen los científicos, ese mismo calentamiento transformará las nevadas en lluvias que, a su vez, aumentarán el deshielo en la Antártida.

Aclarado el misterio del aumento del hielo en la Antártida, no nos queda otra que actuar. El cambio climático es incuestionable y es urgente detenerlo. En Greenpeace apostamos por una revolución energética 100% renovable, ¿por qué apuestas tú?

Campaña de cambio climáatico, Greenpeace

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Prueba nuclear

El reactor nuclear de Bushehr, una ciudad iraní situada junto al Golfo Pérsico, comenzó a construirse en 1975 por empresas alemanas. En 1979, la construcción se detuvo con la llegada de la revolución islámica a Irán. En 1995, el Gobierno iraní firmaba un acuerdo con Rusia para finalizar el reactor. El pasado 21 de agosto, la central nuclear era “inaugurada”. Para Greenpeace, se trata de una mala noticia.

Sin embargo, no es demasiado tarde para dar marcha atrás. La carga de combustible del reactor nuclear de Bushehr envía una peligrosa señal a Oriente Próximo y amenaza con poner en marcha una reacción en cadena que lleve a la nuclearización de toda la región.

Independientemente de si Irán está desarrollando armas nucleares o no, los programas nucleares generan desconfianza y constituyen una clara amenaza, ya que significan una mayor proliferación. La comunidad internacional no está actuando correctamente ante este problema.

Hay que buscar una solución duradera a la proliferación de armas nucleares , que incluya el fin de enriquecimiento de uranio, la eliminación gradual de la energía nuclear y el desarme completo de todos los Estados poseedores de armas nucleares.

El programa de armas nucleares de Israel y el desarrollo nuclear de Irán están jugando un papel desestabilizador de la región. La solución es simple: las negociaciones sobre una Zona Libre de Armas de Destrucción Masiva en Oriente Próximo aumentará la confianza y la cooperación entre los países y puede hacer una profunda contribución a los procesos paralelos de paz y los esfuerzos para aliviar las tensiones entre las potencias regionales.

Un fallo del reactor de Bushehr podría tener un impacto devastador sobre el medio ambiente del Golfo y la salud de las comunidades cercanas, en lo que es una zona de tránsito crucial para la seguridad energética actual de la economía mundial.

Irán cuenta con abundantes recursos energéticos limpios y renovables. Invertir en eólica y solar en vez en energías sucias, peligrosas y costosas tecnologías nucleares aliviaría significativamente las preocupaciones internacionales, al tiempo que aumentaría la seguridad energética de Irán.

La energía nuclear es un legado mortal del siglo XX y todos los países, incluido Irán, deben aprovechar las fuentes de energía renovables, como la eólica, solar y geotérmica, para proporcionar la energía que necesitamos en el siglo XXI sin poner en peligro nuestra seguridad.

Greenpeace España

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