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Archive for 9/07/10

“Llegará un tiempo en que los pájaros caerán del cielo, los animales de los bosques morirán, el mar se ennegrecerá y los ríos correrán envenenados. En ese tiempo, hombres de todas las razas y pueblos se unirán como guerreros del arco iris para luchar contra la destrucción de la tierra”…esta leyenda de los indios Cree da origen al nombre del barco más emblemático de Greenpeace, el Rainbow Warrior.

El 10 de julio es una fecha señalada para Greenpeace, un día como hoy hace 25 años, los servicios secretos franceses hundían, en Nueva Zelanda, el buque insignia de la organización, el Rainbow Warrior. En recuerdo del bombardeo, que costó la vida al fotógrafo Fernando Pereira, en este post recogemos los primeros momentos, el desconcierto y la tragedia contada por sus protagonistas.

Peter Wilcox, capitán

23:48, Muelle Marsden, Auckland, 10 de julio de 1985. “Hemos chocado con otro barco”. Echa un vistazo por el ojo de buey de su camarote, ve “las luces del muelle Marsden” y se da cuenta de que el barco está atracado. Pero algo no va bien. “Los ruidos indicaban algo extraño. Todavía en el catre busqué mis gafas. No estaban. Durante cuatro años en alta mar nunca se habían caído de donde las dejaba colgadas. Me levanté y ví que en el camarote todo estaba patas arriba”.

“Martini Gotje, el primer oficial, estaba al final de las escaleras que conducían a los camarotes de abajo y le pregunté si todo el mundo estaba despierto, él me contesto que sí. Entonces fue cuando estalló la segunda bomba, ¡justo debajo de nuestros pies! y ordené abandonar el barco”. Sólo habían transcurrido un par de minutos entre las dos explosiones.

“Me quedé de pie observando el barco desprendiendo todas esas burbujas. Entonces fue cuando Davey dijo que Fernando estaba abajo. Recuerdo que discutí con él, le dije que se equivocaba, que Fernando había ido a la ciudad, como hacía siempre. Él me dijo: no, Fernando está ahí abajo”.

“En Auckland, tras el atentado, celebramos un funeral en honor a Fernando que quisimos que no se convirtiera en algo triste. Cada uno intentamos contar una historia divertida sobre él. Pero cuando tuvimos que recoger el féretro y abandonar la Iglesia, un peso tremendo cayó sobre mis hombros. Creo que es algo que nunca olvidaré y además considero que no debemos olvidarlo”.

Steve Swayer, colaborador

STEVE SWAYER era colaborador de la campaña de Océanos cuando se hundió el RW
“El Jefe del Puerto nos convocó a Willcox y a mí para saber básicamente cuándo y cómo íbamos a sacar el barco del fondo de “su puerto”. En mitad de la conversación, la policía llamó por teléfono desde el muelle. Empezaban a tener luz suficiente, los buceadores habían descendido y acababan de confirmar que la chapa había volado hacia dentro; era obvio que se trataba de una explosión provocada desde el exterior. Desde ese momento, la actitud de la policía cambió por completo”.

“Salí en la televisión australiana diciendo que no podían haber sido los franceses, no podían ser tan estúpidos… pero, en pocos días, se había desenredado la madeja. Como dijo un columnista en un periódico, lo único que faltaba era que se hubieran olvidado una boina, una barra de pan y una botella de Beaujolais.”

BUNNY MCDIARMID es actualmente la directora de Greenpeace Nueva Zelanda, cuando el atentado al Rainbow Warrior trabajaba como marinera.

Bunny McDiarmid, marinera

“Nos dijo que habían hundido el barco y asesinado a Fernando. Me dejó trastornada, era incapaz de asumir que Fernando había muerto. Me resultaba increíble pensar que Fernando y el barco habían desaparecido, así, sin más”.

“El Rainbow Warrior ya no pertenece sólo a Greenpeace, ha pasado a formar parte de la Historia de Nueva Zelanda. A los neozelandeses también les pertenece este barco, no sólo a Greenpeace. En muchas batallas entabladas en el Pacífico relacionadas con asuntos nucleares, el Warrior ha sido un símbolo y lo seguirá siendo; cada vez que se hable de él en esta parte del mundo, la gente lo recordará como abanderado de las campañas a favor de un mundo sin pruebas nucleares”.

Las explosiones me confirmaron que lo que estaba haciendo podía cambiar algo”.

FERNANDO PEREIRA
La noche del 10 de julio de 1985, cuando el RW se preparaba para encabezar una flotilla con destino a Muroroa para protestar pacíficamente contra los ensayos nucleares de Francia, agentes de los servicios secretos franceses colocaron dos cargas explosivas en el casco del barco. La explosión de la segunda bomba supuso la muerte de Fernando Pereira, que estaba en su camarote recogiendo sus cámaras, y el hundimiento de barco.

El mundo se estremeció al comprobar que el Gobierno francés era el autor del ataque. Dos agentes de los servicios secretos franceses fueron condenados a diez años en prisión por homicidio involuntario y siete por incendio provocado. Sin embargo, en los meses siguientes Francia ejerció una fuerte presión sobre Nueva Zelanda y llegó a un acuerdo que permitió a los dos inculpados cumplir condena en una prisión militar en Francia. En poco más de dos años fueron puestos en libertad y regresaron a París, donde recibieron honores y reanudaron sus carreras. Las Naciones Unidas ordenaron a Francia el pago de una compensación económica con la que Greenpeace pudo botar un segundo Rainbow Warrior en 1989.

Internet de Greenpeace

Página especial 25 Aniversario del Rainbow Warrior
Noticia: Mañana se cumplen 25 años del hundimiento del Rainbow Warrior de Greenpeace por los servicios secretos franceses

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Jim Bohlen, primero por la izquierda

Ayer, mientras trataba de digerir los centenares de correos electrónicos que vomita mi ordenador diariamente, fijé mi atención en uno de ellos, aún no sé muy bien por qué.  La referencia era simple y concisa: Jim Bohlen. De repente mi mente se “teletrasportó” muchos años atrás, cuando desarrollé mi primera campaña marina, recien entrado en Greenpeace.

Recuerdo que.  tras una  dura jornada de campaña a bordo del MV Gondwana, uno de los marineros, con la piel curtida por el sol y miles de horas a bordo, se acerco a mí, un novato un tanto desconcertado y sin experiencia marina alguna,  y me empezó a contar una historia relacionada con su amigo Jim. Lógicamente yo ni conocía a este marinero, ni mucho menos a ese tal Jim, pero  la historia me cautivó. Me estaba contando cómo se gestó la campaña “Don’t make a Wave”, cuando el barco Phyllis Cormack partió, a principios de los 70,  rumbo a la isla de Amchitka para protestar por las pruebas nucleares que Estados Unidos  pretendía desarrollar allí.

El marinero, cuyo nombre no recuerdo,  me iba desgranando las historia con tal convicción que incluso olvidé que lo hacía en un inglés tan cerrado que entendía a duras penas. Sí, me estaba  hablando de Jim Bohlen y de las peripecias que acontecieron en aquel accidentado viaje liderado por él, dada su experiencia naval en el Pacífico Norte, hacia una remota isla en Alaska, cuya existencia sólo conocían unos pocos.

Jim quería estar allí y dar testimonio de lo que iba a suceder para sacudir la conciencia de la opinión pública mundial, y vaya si lo consiguieron. Utilizaron dos herramientas muy poderosas: dar testimonio de los problemas, allí donde ocurren y emplear la acción directa no violenta. Se estaba gestando el nacimiento de Greenpeace, que hoy cuarenta años después, sigue manteniéndose fiel a estos principios en sus acciones en defensa del medio ambiente.

Jim Bohlen, a quien nunca conocí personalmente, nos ha dejado, pero las profundas convicciones que le impulsaron toda su vida, permanecen vigentes en los activistas de Greenpeace, hoy en día. Hasta pronto Jim. Muchas gracias por tu sabiduría y coraje.

Mario Rodríguez, responsable de campañas de Greenpeace

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Hace un par de días leíamos escandalizados un artículo en el País de Javier Sampedro (04/07/2010) en el que se anunciaba la posible aprobación del primer animal transgénico para consumo humano: un salmón de  la empresa AquaBounty, que lleva incorporados genes de al menos otras dos especies de peces, para crecer a doble velocidad. Más me sorprendieron las declaraciones y afirmaciones que se hacían acerca del tema, y la descalificación al trabajo de Greenpeace en materia de transgénicos.

En el artículo se ponen otros ejemplos de animales transgénicos que no han sido aprobados, pero no olvidemos que sí existen organismos modificados genéticamente (OMG) que han sido autorizados y que están causando daños sociales y económicos, contaminaciones y desaparición de los modelos de agricultura sostenible. Además, cada día se conocen nuevos datos  sobre daños en riñón, hígado y efectos sobre la fertilidad de mamíferos causados por los OMG.

A pesar de la presión de un puñado de grandes empresas sobre la UE y sobre determinados gobiernos, éstas sólo han conseguido que Europa autorice dos tipos de transgénicos: un maíz de la multinacional Monsanto (prohibido en los grandes países productores de maíz en la UE) y recientemente una patata de Bayer (que de momento nadie se atreve a cultivar). España es el único país de la UE que tolera el cultivo de maíz a gran escala; aquí se encuentra además el 42% de todos los ensayos experimentales que se realizan en la UE. Ahora quiere llegar el salmón transgénico.

Tenemos ejemplos de transgénicos en nuestros campos. No hablamos de lo que no sabemos y de incertidumbres, hablamos con datos, con cifras, con realidades. Existen abundantes datos sobre los efectos sobre el medio ambiente y la salud de la industria acuícola y de engorde, si ésta se practicase con animales modificados genéticamente, estos riesgos se multiplicarían.

Pone un ejemplo, la novela “Parque Jurásico”, en que las hembras dinosaurias eran estériles como mecanismo de control y que finalmente “la cosa acabó mal”. Como dice “era sólo una novela”.

Esperemos que los salmones transgénicos también queden en una novela, ya que es frecuente que un determinado número de individuos escape de estas granjas y se cruce con poblaciones naturales, con el riesgo de desplazamiento de estas últimas. Existe un modelo experimental (“el gen Troyano”), según el cual la liberación de 60 peces transgénicos podría llevar a la extinción de una población salvaje en solamente 40 generaciones.

Mónica Parrilla y Juan Felipe Carrasco, campaña de Transgénicos de Greenpeace

La respuesta de Greenpeace al artículo publicado en El País

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