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Archive for 27 27+01:00 abril 27+01:00 2010

Zodiac de Greenpeace intenta evitar el vertido de residuos radioactivos en el AtlánticoAño tras año decenas de toneladas de bidones conteniendo residuos radiactivos se vertían al mar, hasta que en el año 1993 el Convenio de Londres sobre Vertidos al Mar prohibió los vertidos.

Aquella decisión supuso la culminación con éxito de una larga campaña ecologista de más de una década contra la utilización del mar como cementerio nuclear. La imagen de las lanchas de Greenpeace colocándose bajo las grúas que tiraban los bidones en la Fosa Atlántica se convirtió en uno de los iconos de la lucha antinuclear, tras conseguir la paralización de aquellos vertidos.

Los residuos radiactivos son uno de los talones de alquiles de la industria nuclear. La utilización del mar como basurero nuclear era una cómoda salida, que alejaba el problema de la vista de la opinión pública. Pero ahora quedan hundidos en aquella fosa, a grandes profundidades, cientos de bidones con residuos. Algunos datos cifran en 140.000 las toneladas de material radiactivo sin control que descansan sobre el lecho marino, y se ciernen como una espada de Damocles sobre el medio ambiente. Cualquier día, en cualquier momento la radiactividad puede empezar a liberarse, y entonces ¿qué ocurrirá?  Esta es una pregunta sin respuesta ya que no tenemos conocimiento de que se haga un seguimiento detallado de la contaminación radiactiva en el área en la que se realizaron los vertidos.

Han pasado casi tres décadas desde aquellos años, pero el problema de los residuos de las centrales nucleares no se ha resuelto. En la actualidad el proyecto del Ministerio de Industria, a través de la empresa ENRESA, de construir un cementerio nuclear centralizado, ha despertado otra vez al movimiento antinuclear.

Durante los últimos años la industria nuclear ha trabajado intensamente para convencer a la opinión pública de que la nuclear es una opción limpia. Al calor de la necesidad de reducir emisiones para frenar el cambio climático, la industria atómica se ha promovido publicitariamente como la alternativa ideal y limpia. Sin embargo los residuos radiactivos se han seguido produciendo al mismo ritmo, y se han ido acumulando en las piscinas de las centrales nucleares.

Ahora las piscinas de las centrales se llenan, y las plantas quieren alargar su vida muy por encima de lo que estaba planificado. Así que se disponen a buscar un sitio para ubicar el cementerio nuclear. Ellos lo llaman ATC (Almacen Temporal Centralizado), y es que la batalla empieza con el lenguaje.

Castilla, Cataluña, Extremadura, Valencia….en todas las comunidades señaladas como posibles para ubicar el cementerio nuclear se ha puesto en marcha el movimiento antinuclear. Nadie quiere el cementerio, nadie quiere los residuos radiactivos, y, si preguntaran, muy pocos querrían la energía nuclear. Así que parece que va llegando el momento de poner en marcha alternativas realmente limpias.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España

Yosoyantinuclear.org

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Fotógrafo: Mario Gómez

Todos tenemos momentos del pasado que recordamos a la perfección sin esfuerzo, y lo que es mejor, con una sonrisa o un nudo de felicidad en el estómago. Un abrazo, unas palabras de ánimo, el tacto de unos cabellos, un verano maravilloso, el olor a colonia de un niño pequeño.

Todos estos son ejemplos personales que podría describir sin el más mínimo error en este mismo instante, pero es uno de ellos en especial el que me lleva a escribir estas palabras: un verano maravilloso, o en mi caso, siete.

Después de otras experiencias en campamentos de verano, en 1998 acudí a la primera edición de los campamentos organizados por Greenpeace. Diez días más tarde, cuando me recogieron mis padres, no dudé en asegurarles que no tenían que buscar más. No podrían encontrar un lugar mejor en el que yo pudiera pasar unos días de mi verano. Y esta idea se mantuvo hasta que, por edad, dejé de poder asistir. Pero posteriormente se abrió una nueva puerta para mí: ejercer el papel de aquellos que tantas cosas me enseñaron en mi infancia y adolescencia, de quienes me mostraron cosas en las nunca había pensado.

Durante el pasado fin de semana (del 23 al 25 de abril) realizamos la segunda fase del proceso de formación de monitores de los campamentos de Greenpeace. Allí he coincidido con amigos con los que he crecido y con los que he trabajado y para los que los campamentos de Greenpeace es algo que está marcado con rotulador rojo en el calendario. Todo el equipo educativo conoce estos campamentos desde hace  mucho tiempo y estamos impacientes por ponernos manos a la obra. El proceso de formación ha sido un aperitivo que ahora nos ha dejado cierta sensación de impaciencia. No vemos la hora de comenzar las actividades que con tantas ganas hemos organizado.

Durante diez días descubriremos junto a sus hijos los encantos de la naturaleza y trataremos de disfrutarlos tanto que resulte inevitable desear protegerla. Y ese será el siguiente paso. A través de excursiones, actividades en el medio natural y la convivencia, trataremos de aprender todo lo posible sobre los problemas de la tierra y las soluciones que a pequeña escala podemos hacer nosotros en nuestro día a día, comprender que el cuidado de nuestro planeta es un paso inevitable para asegurarnos un futuro esperanzador y acercarnos a todas las alternativas que nos pueden proporcionar un futuro sostenible, y todo esto a través del trabajo en equipo con el resto de sus compañeros.

Unos campamentos que resultarán inolvidables a través de actividades originales e innovadores en los que solidaridad, confianza y respeto son las herramientas para conseguir un mundo mejor en todos los aspectos.

Jesús Lozano, monitor de campamentos de Greenpeace

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