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Archive for 9 de marzo de 2010

Cada día leo en los periódicos alguna referencia al “fracaso del Acuerdo de Copenhague”, hoy leo en El País el siguiente titular: “Un tercio del CO2 de los ricos se genera en otro país”; “cada europeo es responsable de toneladas emitidas en China”… “…La prosperidad de los países ricos se basa, no sólo en dos siglos (desde la industrialización) de emisiones por el uso de combustibles fósiles, sino también, ahora, en las emisiones originadas en los países en desarrollo…” y, una vez más, vuelvo a pensar en que en la última gran Cumbre del Clima fueron los países en vías de desarrollo y los pequeños estados más amenazados, como Tuvalu, los que pusieron todos sus esfuerzos en tratar de llegar a un acuerdo. Un acuerdo que al final no ha sido tal, sino un documento de unas pocas hojas con meras declaraciones de intenciones y ninguna obligación legal para nadie.

Yo hoy he decidido intentar entender mejor porqué los países industrializados han firmado un papel vacío al que llaman acuerdo y lo han vendido como un gran avance, cuando todos sabemos que es el clima el que está realmente vendido. Y entro en la web de la Real Academia Española y busco el significado de “acuerdo”, me aparecen varias posibilidades… “convenio entre dos o más partes”… “parecer, dictamen, consejo”… pero me llama la atención “reflexión o madurez en la determinación de algo”. Seguramente no nos esperaríamos encontrar un término tan complejo como “madurez” dentro de la explicación de la palabra “acuerdo”, pero aquí está, posiblemente una de las visiones más sorprendentes, y a la vez sensatas, de lo que debería significar llegar a un acuerdo: llegar a un punto de madurez sobre un tema en el cual podamos tomar una determinación.

Efectivamente, la RAE no se equivoca, su definición es bastante sólida, pero todos sabemos que las palabras cada día se utilizan peor, y la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague es un buen ejemplo de esto.

El fracaso del papel mojado, pero firmado por los países “in extremis”, que no debería tener el valor de “acuerdo”, porque en realidad es un documento que carece completamente de madurez, la madurez necesaria para que los países industrializados reconozcan y actúen de forma consecuente con su responsabilidad histórica en el deterioro de la atmósfera, la madurez necesaria para que EEUU reconozca de nuevo que esconde un as bajo la manga y que no va a liderar el proceso que nos lleve a salvar el clima.

El próximo 15 de marzo los Ministros europeos de Medio Ambiente se reúnen en Bruselas de nuevo, otra nueva oportunidad para que la palabra acuerdo no carezca de sentido etimológico, ni humano. Para evitar que la temperatura del planeta alcance los 3ºC que va a alcanzar si tan sólo adoptamos las medidas que se han propuesto a día de hoy, si la UE mantiene sus objetivos pobres, y se queda a la cola, esperando a que reaccionen los más pobres, los más vulnerables asumiendo nuestra responsabilidad. Si no somos capaces de dar la vuelta a esto y apostar por  un 40% de reducción de emisiones global en la próxima Cumbre de Naciones Unidas de Cambio Climático que se celebrará a finales de año en México, entonces, entonces deberíamos plantearnos si nuestros representantes políticos son o no lo suficientemente “maduros” como para poder dejar esta decisión en sus manos o el planeta necesitará que los ciudadanos lleguemos a un “acuerdo” por el clima.

Es el momento de reflexionar, pero no de olvidar, debemos mantenernos en alerta porque esta vez nuestros líderes, sean o no nuestros políticos, no pueden fallar.

Patricia Bermejo, campaña de Cambio Climático de Greenpeace

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“Nos declaramos no culpables no por nuestro propio interés. La razón por la que nos declaramos inocentes es porque, como ciudadano japonés, creo firmemente que los ciudadanos, las ONG y los periodistas no deberían temer alzar sus voces cuando denuncian hechos delictivos. En otras palabras, creemos firmemente que este juicio puede ser un foro para debatir el camino hacia el tipo de sociedad que enorgullezca a nuestros hijos, en la que las actividades ilegales sean castigadas y los derechos de los ciudadanos que las exponen estén garantizados. Me gustaría pedir un juicio justo e imparcial. Gracias por su tiempo”.

Con estas palabras termina la declaración que Junichi Sato presenta ante el tribunal de Aomori. El simple hecho de que un ciudadano insista y pida ante el juez un juicio justo e imparcial habla por sí sólo de lo que se esconde detrás de la acusación y el procedimiento judicial de los “Tokyo 2”.

En la segunda fase del juicio contra Junichi Sato y Toru Suzuki la defensa está llamando a declarar a sus testigos, entre los que se encuentran los propios acusados, algunos miembros de la tripulación y un experto internacional en libertad de expresión.

El primero en declarar ha sido un ex-tripulante de un barco ballenero. Varias afirmaciones durante su declaración, como el simple hecho de que no fuese interrogado en la investigación oficial,  evidencian que no se realizó una investigación correcta de las denuncias presentadas por Greenpeace, contradiciendo las afirmaciones presentadas por la acusación y presentando una duda más que razonable sobre la propia base de las pruebas contra Toru y Suzuki. Incluso ha afirmado que era práctica común en la tripulación seleccionar la carne de crías de ballenas cazadas para consumo particular. Esta carne es “más jóven y tierna, perfecta para hacer el mejor unesu (bacon de ballena)”.

Cuando nos acercamos cada vez más al final de esta historia iniciada por Junichi y Toru en abril de 2008, los argumentos de la acusación caen por su propio peso entre contradicciones e incongruencias y la necesidad de reabrir la investigación para encontrar a los verdaderos delincuentes es cada vez más evidente.

Como recuerda Toru en su declaración, en palabras del propio policía que les detuvo “si no fuese policía te diría que lo que has hecho está muy bien”.

Elvira Jiménez, campaña de océanos de Greenpeace.

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