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Archive for 8 de marzo de 2010

Estos días en el Principado de Asturias la cosa está que arde. Sobre la mesa está el debate de construcción de una incineradora de residuos sólidos urbanos (RSU) en Serín. Según el propio Gobierno asturiano (PSOE), la decisión de instalar esta planta queda en mano de los partidos políticos. Bonita manera de quitarse el marrón de encima, ya que el socio de Gobierno del FSA-PSOE, Izquierda Unida se niega en contemplar esta posibilidad y amenaza con dejar la coalición.

Tanto PP como FSA-PSOE, parecen que se han puesto de acuerdo en construir la incineradora, el único escollo para ellos era el tema de la financiación que parece han resuelto ya. Serán 250 millones de euros, que como todos sabemos subirá al menos un 25% más (como ocurre con todas las obras públicas de este país), y que saldrá del bolsillo de los contribuyentes asturianos. Estos verán casi duplicar lo que pagan de tasa de residuos (de 60 euros a unos 110 euros al año).

Y todo ello, con plataformas ciudadanas, organizaciones de consumidores, ecologistas y gran parte de la población en contra del proyecto. Estas han demostrado que existen alternativas sostenibles que podrían sustituir a la incineradora, iniciativas que ya están en marcha en otros lugares  de España y que están dando buenos resultados en separación y recuperación de basuras. La incineración es el peor sistema para la gestión de residuos, junto al vertido. A sus altos índices de contaminación, las afecciones negativas a la salud, la destrucción de recursos naturales, la emisión de gases de efecto invernadero y a la escasa creación de empleos, se suma que es la menos rentable económicamente.

Entonces, ¿porqué quieren poner en Serín esta planta? Paradójicamente, en Galicia, el PSOE se niega a la construcción de una nueva incineradora, sin embargo, en Asturias la cosa es bien distinta. ¿Un ejemplo de la falta de coherencia política? o ¿Cómo el dinero está por encima del bien común? Parece que en este caso la salud de los asturianos puede servir a algunos para hacer negocio.

Julio Barea, responsable de la campaña de contaminación de Greenpeace

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Estoy seguro que mis amigos babazorros (vitorianos, para los que os suene raro) se unirán a esta campaña que pienso lanzar en solitario. Cuando no nos quede nada, nos quedará la patata… o eso pensaba yo. Por eso tenemos que salvarla.

Este tubérculo duro donde los haya. Resistente al periodo más seco y al tiempo más duro, es uno de los elementos básicos de nuestra alimentación. Modesta. Su presencia es una constante en la mesa de los hogares más pudientes, y en los más humildes.

Pero salvarla…¿de qué? Pues de la Comisión Europea que acaba de dar permiso para el cultivo de una patata transgénica. La llaman Amflora, y la ha desarrollado la empresa química BASF. A pesar de los avisos de instituciones como la OMS sobre la creciente resistencia que estamos desarrollando a los antibióticos, y las consecuencias de pérdida de efectividad de los mismos que se están evidenciando con alarma, la Amflora lleva un gen de resistencia  a los antibióticos.

Sólo por eso, esta patata transgénica nunca debería de haberse permitido. Pero hay otras muchas razones que son extensibles a otros transgénicos y que tienen que ver con el progresivo control de unas pocas corporaciones multinacionales del mercado de las semillas, o la contaminación que los transgénicos presentes en nuestros campos están produciendo y que ha sido ampliamente documentada en diversos informes.

Así que, estad atentos ya que parece que tendremos que acabar haciendo una campaña para salvar las patatas. !Quién lo iba  a decir!

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España.

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