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Archive for 26 enero 2010

Bendita sea la hora en que el Presidente de la Generalitat, José Montilla, se ha pronunciado en contra de la instalación del cementerio nuclear (en lenguaje de ENRESA, Almacén Temporal Centralizado de residuos nucleares de alta actividad) en Cataluña. Una decisión in extremis, justo antes del voto del Pleno Municipal de Ascó del martes 26 de enero, fruto de la presión popular, que el domingo 24 llenó a rebosar la plaza de la villa de Ascó. Una presión – en las Tierras del Ebro sobre todo, pero que está arraigada en todo el movimiento antinuclear de Cataluña – que ya había hecho hecho asumir a Artur Mas la necesidad imperiosa que Convergència se mantuviera coherente con lo que había votado en el Parlamento de Cataluña en el sentido que el cementerio nuclear no se ubique en Cataluña. Y, no lo olvidamos, fruto de firme oposición al cementerio de sus socios de gobierno: ICV ya votó en el congreso en contra de la política de residuos nucleares que impulsa ENRESA; ERC, que se abstuvo, ha decidido plantar batalla. El resultado: hacer abortar la maniobra del PSC de ampararse bajo la falta de competencias para atraer, de facto, el cementerio nuclear en Ascó.

Desgraciadamente, tanto Montilla como Mas se ha apresurado a decir que su oposición al cementerio nuclear no es incompatible con su apoyo a la energía nuclear, sino que Cataluña ya ha cumplido con su grado de “solidaridad” con el resto del Estado, con cuatro centrales nucleares – de las cuales, tres en funcionamiento. Es lamentable hasta qué punto nuestros máximos dirigentes políticos mantienen una visión energética propia del siglo XX. Quizás hará falta que alguien les explique que en época de cambio climático y crisis energéticas, la única vía de salida posible es una transición decidida hacia las energías renovables, que, al contrario que las nucleares, van subiendo su participación en el mix energético año tras año – y ello pese a las asfixiantes políticas propiciadas por Miguel Sebastián, por otra parte impulsor de este engendre denominado MTC. Las centrales nucleares, que no pueden modular su producción, son las principales barreras a la transición hacia las energías renovables – a pesar de la retórica de las cámaras de comercio o del Foro Nuclear. Vemos cómo ya desde Gas Natural se denuncia que hay un “exceso” de renovables. Un exceso que hace peligrar la rentabilidad económica de un modelo energético sucio y peligroso.

Los catalanes, queremos y tenemos derecho a un sistema energético limpio, sin emisiones de radioactividad, ni de gases de efecto invernadero, ni de contaminantes atmosféricos. Un sistema que no genere residuos radiactivos que endosar a las generaciones futuras. Un sistema en que todos podamos invertir energía limpia|neta en la red. Si nuestros líderes no saben aceptar ideas nuevas, quizás habrá que buscar nuevos líderes.

O quién sabe si no. Al fin y al cabo, Montilla y Mas han sabido cambiar de opinión sobre el cementerio nuclear. Si piensan un poco más, si abren los ojos a la realidad y las tendencias en la producción energética, quizás sabrán cambiar de opinión – y dejar su seguidísimo de la energía nuclear atrás.

Anna Rosa Martinez, Delegada a Catalunya. Greenpeace

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Miércoles 27 de enero, a las 20 h, en la Plaza Sant Jaume de Barcelona, concentración “Nucleares: cierre, no cementerio!” ¡VENTE!

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Consejos útiles para hacer la cesta de la compra…consumir y ser consecuente con el medio ambiente y el cambio climático…moverte por la ciudad sin contaminar o evitar el abuso de la publicidad son algunos de los temas que se analizan en profundidad en el proyecto “Actúa con tu consumo”.

Una herramienta educativa multimedia sobre consumo responsable dirigida a jóvenes a partir de 13 años que les permitirá consumir de forma más consciente y crítica. Cuenta con múltiples reflexiones y propuestas de acción para los usuarios que podrán así transformar sus entornos más cotidianos.

Su acceso es gratuito y universal desde la web de Greenpeace y puede ser usado individual y colectivamente, aunque está especialmente diseñado para ser utilizado en contextos educativos con la participación de docentes. “Actúa con tu consumo” se ha pensado para que educadores o docentes de ESO y Bachillerato puedan transmitir a sus estudiantes pautas de consumo responsable a la vez que divulgan valores ambientales y cívicos.

Greenpeace ofrece así un material didáctico innovador que se adapta a los nuevos contextos educativos, donde las nuevas tecnologías se están abriendo paso y los procesos e-learning se empiezan a desarrollar. Su carácter transversal permite ser aplicada en múltiples asignaturas y fomenta las propuestas colectivas de cambio e intervención en el entorno, a la vez que promueve la reflexión sobre la sociedad de consumo y el papel de la ciudadanía en ella.

Internet y Prensa de Greenpeace


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El barco de Greenpeace Esperanza se ha unido a MSF para ayudar a los damnificados en el terremoto de Haití. El buque está sirviendo a Doctores sin fronteras y Médicos sin fronteras para responder a la emergencia de Haití.

A bordo del Esperanza se están transportando las medicinas menos urgentes pero también muy necesarias, las más necesarias se han enviado por avión, hacia Puerto Príncipe. Suministros, tales como mantas, bidones y jabón además de miles de litros de combustible, una mercancía que es imposible encontrar en Haití desde el terremoto.

El barco Esperanza atracó en Puerto Príncipe con 3.000 bidones, 3.000 mantas, 8.000 piezas de jabón, y 7.000 litros de combustible.

MSF ha manifestado, en un comunicado de prensa, su agradecimiento a Greenpeace y especialmente a la tripulación del barco Esperanza por su apoyo ante la catástrofe.

Internet de Greenpeace.

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Los residuos radiactivos de alta actividad son un producto inevitable de las centrales nucleares. La industria nuclear los ha producido irresponsablemente sin saber qué hacer con ellos durante sus 50 años de existencia. Son un producto muy peligroso debido a su alto nivel de radiactividad, que persiste durante cientos de miles de años (por ej. tendrán que pasar 482.000 años para que el plutonio-239 que se encuentra en estos residuos deje de ser radiactivo), y a su elevado potencial radiotóxico. Su mera existencia evidencia la insostenibilidad de la energía nuclear. Los residuos radiactivos suponen un grave problema ambiental y de salud pública, y también económico.

Teniendo en cuenta esto: ¿en qué mente cabe que un alcalde (y sus concejales) pueda  (poniéndose de acuerdo sólo con el Ministerio de Industria) decidir la ubicación del cementerio nuclear para los residuos radiactivos de todas las centrales nucleares españolas? Sólo un mentecato puede pensar que eso sería viable en un país como España, sin provocar una enorme contestación social.

La estrategia del ministro de Industria, Miguel Sebastián, es la de tentar a los alcaldes con dinero público (de los fondos de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, ENRESA) para tratar de conseguir que algún municipio se ofrezca candidato a albergar el cementerio nuclear, sin importar si ese consistorio ha tenido en cuenta la opinión de la población de su municipio, la de los pueblos de su entorno, y la de su comunidad autónoma, como mínimo. Además de resultar poco ético, el Gobierno debe entender que tratar de resolver así un problema tan grave como el de los residuos radiactivos es muy poco democrático.

El tema nuclear se trata en España como si este país fuera una república bananera: una en la que los ministros dejan en ridículo al Presidente del Gobierno. Zapatero, en el Debate del Estado de la Nación de 2006 en el Congreso de los Diputados dijo: “Y paralelamente también está el tema de los residuos [radiactivos], que exige, sin duda alguna, un amplio consenso social de organizaciones defensoras del medio ambiente, que exige el mayor consenso territorial posible y ojalá el mayor consenso político, porque, como muy bien sabe S.S., es un problema de hondo calado”.

Curiosamente, Greenpeace coincide con Zapatero en que un problema de primer orden de magnitud, desde el punto de vista social, medioambiental y económico, como el de los residuos radiactivos, no se puede resolver sin un previo consenso social y político. Para que éste tenga garantías de éxito deben estar incluidos todos los agentes interesados, incluidas las organizaciones ecologistas. Lo preocupante es que el ministro Sebastián pase de lo que dice su jefe de filas y del programa de su partido. Pero esto es lógico dentro de una república bananera.

Carlos Bravo, responsable de la campaña de Anti-Nuclear de Greenpeace

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La imagen muestra la señal de un cultivo de la empresa Pioneer en San Mateo de Gállego, en la provincia de Aragón. No es un cultivo cualquiera, es un maíz experimental modificado genéticamente con los genes de una bacteria que le permite teóricamente ser resistente a un lepidóptero llamado taladro. En sí misma, esta fotografía es una denuncia ya que recoge de forma fortuita la ubicación exacta de un campo de cultivo experimental. Y digo fortuita porque actualmente no existe un registro de la situación de los cultivos experimentales modificados genéticamente que son liberados en nuestros campos. Dicen desde las administraciones que por seguridad, pero poco se tiene en cuenta la seguridad de las agricultoras y los agricultores que temen que sus cosechas sean contaminadas.

Y es que el Gobierno sigue tolerando el cultivo a gran escala de Organismos Modificados Genéticamente (OMG) en territorio español en contra de la tendencia de la Unión Europea y de la mayoría de estados miembros. España acoge al 42% de los ensayos experimentales al aire libre que se han realizado en la Unión Europea (UE) durante los últimos años.

No hay transparencia en los mecanismos de aprobación, evaluación y control. Son clamorosos la ausencia de registros públicos de los cultivos transgénicos, las irregularidades en el etiquetado de los alimentos transgénicos, los reiterados casos de contaminación, etc.

Por eso, representantes de las organizaciones Amigos de la Tierra, CECU, COAG, Ecologistas en Acción, Entrepueblos, Greenpeace, Plataforma Rural, Red de Semillas y Veterinarios sin fronteras, se han reunido hoy con el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica Herzo,  para trasladarle la enorme preocupación de la sociedad civil ante la agresión de los transgénicos en España y ante la actitud del Ministerio de Medio Ambiente, que protege por encima de todo los intereses de las grandes empresas del sector.

Queremos que se proteja a la agricultura frente a las contaminaciones transgénicas, evitando la liberación comercial al medio ambiente de OMG mientras no se den las condiciones políticas, legales y técnicas para garantizar la continuidad de la agricultura convencional y ecológica libre de transgénicos y para proteger la salud de los ecosistemas y de los consumidores y consumidoras. Queremos que se prohíban las importaciones aprobadas. Queremos que se protejan a las personas y a las empresas que han sufrido los efectos de la política de transgénicos. Y queremos poder decidir si consumir o no alimentos transgénicos, con un etiquetado serio y real.

Por todo esto, acudimos al Defensor del Pueblo, como institución cuya misión es la protección y la defensa de los derechos fundamentales y las libertades públicas.

Mónica Parrilla, campaña de transgénicos

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En la medida en que asimilamos el fracaso de la Cumbre de Copenhague, tenemos ahora que enfrentarnos a la realidad cierta de que las emisiones contaminantes continúan aumentando. Mientras tanto, el proceso de negociación internacional contra el cambio climático se encuentra en la UVI. Por ello, tenemos la doble tarea de analizar las razones que llevaron al fracaso de aquella cumbre y de repensar una nueva estrategia que pueda sacarnos de la actual parálisis en la que estamos inmersos.
Entre las razones que, desde mi punto de vista, llevaron al fracaso en Copenhague hay tres que destacan: falta de liderazgo, de voluntad política para hacer frente al problema, y desastrosa organización por parte del país anfitrión. Cómo las ordenemos es indiferente.
Tal vez la falta de voluntad política para enfrentar el problema del cambio climático sea la razón más importante por la que la Cumbre de Copenhague haya fracasado. Con la excepción de los países afectados de manera más dramática por el cambio climático –islas del Pacífico y África–, no hubo durante las reuniones en el Bella Center la más mínima ambición por parte de los grandes países para, de verdad, hacer frente al problema. Por ejemplo, cualquier medida pequeña que se proponía, se hacía siempre mirando de reojo al vecino, y en ningún caso con auténtica voluntad de llevarla adelante si otros no se movían también. Un ejemplo claro fue el de la discusión del objetivo del 30% de reducción de emisiones por parte de la Unión Europea. Tanto amagó la Unión Europea con aprobarlo… que al final no lo hizo, evitando con ello que otros países también se movieran hacia delante.

La falta de liderazgo y el total desconcierto se puso de manifiesto cuando Obama mostró signos claros de que Estados Unidos no iba a moverse de su posición, expresada a través del proyecto de ley actualmente en discusión en el Senado norteamericano. A partir de ahí, nadie fue capaz de levantar claramente la bandera del cambio climático, y esta se quedó en el suelo.

Por último, merece una especial mención la desastrosa organización de la cumbre por parte del Gobierno de Dinamarca. Incapaz de jugar con habilidad el juego diplomático, las propuestas danesas llegaban siempre en momentos inoportunos, y requerían un esfuerzo para ser neutralizadas. A ello hay que sumar la represión feroz de un movimiento social pacífico que trató de llevar la vez de la sociedad civil a la Cumbre de Copenhague, en medio del caos organizativo y la burocracia de los gobiernos.
Como todos los que estuvimos en la Cumbre de Copenhague, el paso por el Bella Center dejó en mí un amargo sabor de frustración, al que fui llevado por la indignación con la que veía desde primera fila la indolencia de aquellos que tenían en sus manos la responsabilidad de sacar al planeta del atolladero ecológico en el que está metido. Así las cosas, nadie debería extrañarse de que finalmente cogiera mi pancarta y me plantara en la cena de los jefes de Estado, sólo a dos días de terminar la cumbre, en un desesperado y pacífico intento de llamar la atención sobre el fracaso hacia el que se abocaban las negociaciones.
Por más que haya quien me tache de delincuente (en mi caso no parece haber derecho a la presunción de inocencia), mucho mayor es el delito de aquellos que dejaron pasar la oportunidad en Copenhague de salvar el clima, e incumplieron el acuerdo internacional suscrito por ellos mismos en Bali. ¿Para ellos no hay castigo?
Tal vez el elemento más esperanzador ocurrido alrededor de la Cumbre de Copenhague, las protestas y las detenciones, es que mucha, mucha gente ha abierto sus ojos ante lo que está ocurriendo. El hecho evidente de que desde Río 92 han pasado ya 18 años y el sistema es incapaz de hacer algo efectivo contra la destrucción ecológica del planeta; por más que reconozca la gravedad de la situación, está ahora más en evidencia que nunca.

A pesar de las dificultades, la movilización ciudadana ha sido masiva. En Copenhague el 12 de diciembre salimos a la calle más de 100.000 personas reclamando un acuerdo justo, ambicioso y vinculante. La mayor manifestación jamás celebrada en la historia de Dinamarca, aunque ensombrecida por las injustas y masivas detenciones practicadas por la policía danesa. Al día siguiente, en vez de cubrir la gran fiesta ecologista, los medios mostraban filas de cientos de detenidos que eran llevados a aquel Guantánamo del clima.

Más de 13 millones de firmas fueron recogidas por las diversas organizaciones agrupadas alrededor de la campaña “tck, tck, tck”. Se produjeron cientos de movilizaciones, protestas y celebraciones en decenas de capitales durante aquellos días. De la misma manera, la movilización de apoyo a nuestra liberación ha sido impresionante. Más de 60.000 firmas conseguidas en sólo una semana muestran hasta qué punto el fracaso de Copenhague no les ha salido gratis a los que lo han promovido.

Ahora el gran reto del movimiento social contra el cambio climático es conseguir que esa presión social continúe y se multiplique. Está claro a estas alturas que sólo la movilización de la sociedad puede conseguir los cambios necesarios que los gobiernos y las empresas deben asumir para frenar el cambio climático. No hay otra alternativa que reducir las emisiones de CO², y hacerlo de forma drástica y urgente. Podemos seguir perdiendo el tiempo discutiéndolo, o podemos empezar a actuar.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España

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Imagen cedida por Cruz Roja España

Greenpeace se suma al apoyo internacional al pueblo haitiano que ha sufrido un terremoto de siete grados de magnitud en la escala de Richter, dejando cerca de cien mil muertos y heridos y centenares de edificios destruidos, especialmente en su capital, Puerto Príncipe.

Para hacer una donación estas son las ONG que están trabajando en la emergencia:

Cruz Roja: 902 222 292, su página web http://www.cruzroja.es y las cuentas corrientes: BBVA 0182 5906 86 0010022227; Banco Español de Crédito 0030 1001 35 0004707271; Banco Sabadell-Atlántico 0081-0627-34-0001114312; Bankinter 0128-0010-97-0100121395; Caja Madrid 2038-1500-71-6000002275; C.E.C.A. 2000-0002-28-9100510908; Deutsche Bank y Bancorreos 0019-0631-22-4010202020; La Caixa 2100-0600-85-0201960066; Banco Popular 0075-0001-89-0600222267; Banco Santander 0049-0001-53-2110022225; Triodos Bank 1491-0001-21-0010003006; Uno – e 0227-0001-85-0202438590

Médicos Sin Fronteras: 902250902, en la página web y en las cuentas corrientes: Banco Santander 0049/1806/95/2811869099; ‘La Caixa’ 2100/3063/99/2200110010; BBVA 0182/6035/49/0000748708

ONG Entreculturas: Banco Santander 0049 0496 83 2010200200 BBVA 0182 4000 62 0208002127 y teléfono: 902 444 844.
Manos Unidas: Banco Santander, referencia ‘Emergencia Haití’ 0049 1892 63 2210525246.

Unicef España: 902 255 505 y su página web http://www.unicef.es

ONG Solidaridad Internacional: Banco Santander 0049 0001 54 2210042242 y Caja Madrid 2038 1001 37 6000888882.

Cáritas Española: 902 33 99 99 y Banco Santander 0049 1892 64 2110527931; BBVA 0182 2000 21 0201509050; La Caixa 2100 2208 39 0200227099; Banesto 0030 1001 38 0007698271; Caja Madrid 2038 1028 15 6000969697; Banco Popular 0075 0001 81 0606839307; Banco Sabadell Atlántico 0081 0216 74 0001306932; CECA 2000 0002 20 9100382307; Bancaja 2077 1277 10 3100146740; CAM 2090 5513 04 0040370409.

ONG Asamblea de Cooperación Por la Paz (ACPP): La Caixa 2100 5731 79 0200012540.

ONG PLAN Internacional: Banco Santander 0049 0001 56 2010025526.

Intermón Oxfam: La Caixa 2100 0765 81 0200111128; Caixa Cataluña 2013 0500 16 0213198878; Caja Madrid 2038 8978 17 6000016604; CAN 2054 0300 56 9157938948; Banco Santander 0049 1806 91 2111869471; BBVA 0182 6035 49 0201502475; Banco Sabadell Atlántico 0081 7011 11 0001698879 y Triodos Bank 1491 0001 21 0010010201.

ONG Cesal: Banco Santander 0049 0001 56 2010058858.

Save the Children: Banco Santander 0049 0001 52 2410019194, La Caixa 2100 1727 12 0200032834, BBVA 0182 5502 58 0010020207 y de Caja Madrid 2038 1004 71 6800009930.

Ayuda en acción: Banco Sabadell Atlántico 0081 5136 70 0001194221

Misiones Salesianas / Ayuda Haití: Banco Popular 0075 0001 85 0607077059

Internet de Greenpeace

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