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Archive for 23 23+01:00 noviembre 23+01:00 2009

Pues aquí estoy, recién llegado de Indonesia, ayer por la tarde llegue a Coruña. La verdad es que ha sido quien sabe si llamarla la aventura de mi vida…Todo comenzó en Madrid podríamos decir, después de que nos denegaran la visa en la embajada Indonesia, pero después de llamar a Sumatra, nos dijeron que sacáramos nuevos billetes y viajáramos a Singapore y allí nos gestionaban la visa.
Así lo hicimos y allí fuimos, por cierto, hablo en plural por mi compañero de activismo y viaje, Chus, una maravilla el haber vivido esto contigo…Tres días y dos noches en Singapore nos sirvieron para presagiar lo que nos esperaba, el calor tremendo que hacia no nos dejaba ni pasear...De allí a Jakarta y después a Pekambaru, en Sumatra y tras presentarnos en la oficina de Greenpeace…empezamos una ruta de cuatro horas en coche al «Climate Defenders Camp», en la provincia de Riau, península de Kalimatan, a orillas de rio Kampar.
La noche anterior a la partida estuvimos hablando de lo excitante que se prometía esa ruta en coche, ese sueño de ir cruzando selva y llegar a nuestro destino… pero la realidad se presentó de forma triste y brutal ante nosotros y lo mas que alcanzamos a ver fueron plantaciones de palma y eucaliptos, selvas quemadas, taladas, arrasadas, canales hechos para drenar sus aguas y acceder a su riqueza más fácilmente, gentes que nos contaban por señas y mostrándonos papeles, que estaban amenazados, algunos de muerte, por ciertas compañías madereras…
Al fin, y después de 5 días de viajes desde Madrid, llegamos al campamento, alegría de encontrarse allí a viejos conocidos de batallas pasadas y conocer nuevas gentes.

Nuestro primer propósito fue el ayudar a construir un dique de contención el uno de los cientos de canales que las madereras hacen para drenar la selva. Muchisisisísimo calor, humedad, mosquitos malariosos e insectos varios, dormir en una gran tienda de campaña acompañados de ronquidos, el croar de las ranas… Eramos unos pocos los foráneos en aquel curro, el resto eran entusiastas voluntarios de Greenpeace Indonesia y gentes de las comunidades locales que nos daban mil vueltas en agilidad, fuerza y lidiar con las temperaturas de mas de 40 grados…

Un día sonó la diana a las 3:30 de la mañana y allí fuimos un grupo de unas 30 personas de diferentes naciones, ideas o credos, unidos por la misma causa. Después de mas de una hora en bote desembarcamos en el lugar donde comenzaba la destrucción de la selva por la maderera APRIL, teníamos un camino de mas de dos kilómetros que andar, una pista de tierra desolada, con la selva en el fondo y los sonidos de algunos monos aulladores …

Logramos nuestro objetivo y nos encadenamos a las máquinas y las paramos, el día fue pasando y al caer la tarde la policía apareció con un grupo de gente local pagada por la compañía para echarnos de allí, fueron momento de tensión y he de decir que pase algo de miedo, me acuerdo que solo teníamos un fotógrafo y un cámara que pudiera ser testigo de lo que allí fuera a pasar.
Al fin fuimos detenidos…fue un largo trayecto en hasta tres barcos y un coche para llegar a la comisaria, donde nos alojaron a los 33 detenidos en un salón de actos durante dos días llenos de interrogatorios a cualquier hora del día o la noche, durmiendo o intentándolo en sillas y un pedazo de moqueta que había en el suelo.  He de decir que allí la policía no es un servicio publico, en Indonesia, uno de los países más corruptos del mundo, la policía paga por su puesto y luego recupera ese dinero de manera sucia, como exigiéndosela a taxistas, lugareños, turistas y demás chanchullos.

La ley allí no existe o al menos es incierta, no tienes derecho a guardar silencio… Los abogados que teníamos nunca te podían dar una respuesta certera con lo que iba a pasar, siempre era todo un «maybe» o «I don´t know». A mi me interrogaron hasta 5 veces, la ultima estaba roto emocionalmente y aguante como pude, siempre encontré recurso en desviar la conversación…Después de esos dos días fuimos llevados en un autobús a la oficina de inmigración de Pekambaru en donde nos dijeron que nos deportaban del país y dos oficiales se vinieron con nosotros a Jakarta con lo pasaportes en su posesión a esperar que salieran nuestros vuelos y acompañarnos al aeropuerto.

En Jakarta tuvimos libertad de movimientos y dormimos de hotel por fin. Fuimos a la oficina de Greenpeace y allí pudimos ver que lo que habíamos hecho daba frutos y que salíamos en los medios de comunicación de medio mundo, entre ellos muchos españoles. Personalmente no creo que las selvas de Sumatra se vayan a salvar por hacer lo que hemos hecho, pero tengo muy claro que siempre seguiré luchando por mis ideales y que me ceñiré hasta el fin a ese estribillo de los Kortatu de «aunque esté todo perdido siempre queda molestar».

Carpe Diem! Seize the Day!

Korman, activista por el clima

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