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Archive for 28 agosto 2009

Cien días

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Greenpeace China ha colocado 100 esculturas de hielo en el Templo de la Tierra de Pekín para simbolizan la amenaza del cambio climático

Hace 20 años que los científicos empezaron a actuar preocupados por el cambio climático. En este tiempo los políticos han hablado sin parar y sólo les quedan 100 días para conseguir un buen Acuerdo en Copenhague que nos saque del camino hacia un cambio climático sin control.

Este año en Copenhague tiene que alcanzarse el acuerdo porque Naciones Unidas necesita un mínimo de tres años para formalizarlo e implementarlo de manera que cuando en 2012 venza el compromiso de Kioto no se produzca ningún parón en el camino de la reducción de emisiones.

Los gobiernos deben llegar a una visión compartida que reafirme que todos los pueblos, naciones y culturas tienen derecho a sobrevivir, a un desarrollo sostenible y a paliar la pobreza. Además, esta visión debería contemplar el compromiso de las Partes de proteger a los ecosistemas vulnerables.

Las últimas investigaciones científicas demuestran que las emisiones globales de gases de efecto invernadero deben empezar a disminuir en 2015, con el fin de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2ºC. Por ello Greenpeace insta a los países desarrollados, como grupo, a llegar a un acuerdo para reducir las emisiones en un 40% por debajo de los niveles de 1990 para el año 2020.

Se necesita que todos los países, especialmente los más vulnerables, estén en condiciones de minimizar los impactos climáticos y reconocer que hay límites y que, por lo tanto, las personas para las que la adaptación ya no es una opción deberán tener un seguro y ser compensadas adecuadamente.

Finalmente, los países que cuentan con los medios deben apoyar y financiar, la cooperación tecnológica en los países en desarrollo.

Por encima de todo, hay que recorrer un camino para alcanzar un acuerdo ambicioso y equitativo.

Raquel Montón, Campaña de Cambio climático y Energía de Greenpeace.

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Playa de Benidorm

Podríamos decir desde Greenpeace que observamos con estupor la entrevista publicada ayer en su diario al Secretario General del Mar, Juan Carlos Martín Fragueiro, sobre la aplicación de la Ley de Costas. Pero estupor es sinónimo de asombro y, desgraciadamente, ya nada sorprende en materia de gestión y protección de la costa y en “negociaciones de la aplicación de una ley”, como afirma el Secretario. No es la primera vez, en año y medio de gobierno, que denunciamos el retroceso histórico en la protección del dominio público marítimo terrestre.

Tras este tiempo de rebajas a la normativa, de paralización de expropiaciones y dobles raseros, desgraciadamente no nos sorprenden las respuestas dadas por el Secretario. El ejemplo más visible de la política actual del Ministerio de Medio Ambiente es que El Algarrobico sigue en pie. No sirven las excusas cuando prometieron derribarlo la pasada legislatura.

Si tenemos en cuenta que desde hace 20 años se ha ignorado la Ley de Costas y se ha construido hasta la saciedad, lo que ha dejado un legado de hasta el 70% de las promociones de segundas residencias sin vender en algunas provincias de Levante y una naturaleza devastada, no llama la atención que en esta entrevista el Sr. Martín Fragueiro afirme que “no pueden ignorar la crisis”. Lo que sí sorprende, sin embargo, es la afirmación de “primar las actuaciones que generen ingresos a los empresarios más que un programa de adquisición de fincas para preservarlas”, ya que es una clara declaración pública de dejación de funciones.

Lo que debe primar en sus tareas, Sr. Fragueiro, es la defensa del medio ambiente, no los intereses de unos pocos particulares. Así lo dice la Constitución.

Pilar Marcos,  campaña de Costas de Greenpeace

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Extracción de Posidonia y de arena en Son Serra de Marina, Islas Baleares

Una vez más nos llega una imagen que se repite aún en muchas de nuestras playas. Pese a las campañas de sensibilización que se han llevado a cabo para difundir las bondades que la Posidonia oceanica realiza sobre nuestras costas, aún hay lugares en los que estos arribazones se tratan como “basura” y se eliminan.

La Posidonia oceanica forma uno de los ecosistemas marinos clave del Mediterráneo. Esta planta marina forma auténticas praderas cercanas a la costa que sirven de refugio y zona de cría de multitud de especies animales. Si buceamos entre sus aguas podemos encontrar grandes nacras, sepias y coloridos peces como las doncellas, los fredis o las salpas. Todo este entramado de hojas y raíces sirve además para retener la arena y amortiguar el oleaje, y proteger así la costa de la erosión.

Esta función la siguen realizando las hojas muertas que llegan a la playa y actúan como un colchón protector que retiene la arena contra el viento y el oleaje, especialmente cuando llegan los temporales. Por si esto fuera poco, la posidonia es un indicador de una buena calidad del agua y actúa de sumidero de CO2. Todo son ventajas.

Sin embargo, queremos disfrutar de la naturaleza pero sin aceptar las posibles  molestias, y parece ser que las hojas de posidonia lo son. Que si huelen mal, que si da cosa cuando te rozan los pies, que si se ve la playa “sucia”… y ahí llega la caballería, pagada con el dinero de todos, para eliminar los restos de posidonia y dejar así la playa “al gusto del consumidor”: chiringuito, paseo, colillas en la arena, pero eso sí, nada de plantas ni algas muertas. Cuando esa playa comience a perder arena y a retroceder porque le hemos quitado su capa de protección natural, llamaremos de nuevo a la caballería para que nos reponga la arena perdida una y otra vez, de nuevo pagando con el dinero de todos, para seguir manteniendo nuestra playa “a medida”.

Y pensar que la naturaleza lo hace gratis…

Elvira Jiménez, campaña de Océanos y Costas

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Nuestra aventura ártica ha terminado -por lo menos por ahora- y la sensación al llegar a Madrid es que todo sigue igual como lo dejamos, pero que nada va a volver a ser lo mismo, porque somos nosotros los que hemos cambiado…

deshielo

El derretimiento de la capa de hielo no es sólo un claro signo del calentamiento global, también lo es de lo que ocurre en el mundo entero.

Lo primero que leo en mi correo electrónico al llegar a la oficina es una noticia sobre el supuesto alarmismo de Greenpeace en cuestiones relacionadas con el cambio climático: El director ejecutivo de Greenpeace Internacional fue acusado de exagerar la realidad en una entrevista en la BBC porque en un blog de Greenpeace se decía que “el Ártico podría quedar libre de hielo para el año 2030”. En todos los documentos científicos y periodísticos en los que aparece esta frase la misma se refieren al deshielo marino del Ártico, no al de la plataforma helada continental.

El cambio climático es evidente y no sólo en el Ártico: la temperatura media de España ha aumentado 1,5ºC en el último siglo y nuestros glaciares también desaparecen. Las playas van perdiendo superficie, cambian las especies que pescamos y las bateas de mejillones cada vez pasan más tiempo cerradas por toxicidad. Las especies terrestres se ven obligadas a migrar en altura y latitud igual que los cultivos y los viñedos, la mitad sur peninsular sufre un fuerte riesgo de desertificación y el turismo ya se resiente de las olas de calor y la escasez de agua.

No es necesario ir al Ártico para ser consciente del riesgo que conlleva no tomar medidas urgentes contra el cambio climático pero los datos que barajan los científicos allí no dejan espacio para la duda: el deshielo es evidente y en algunos casos sufre aceleraciones preocupantes.

El hielo del Ártico, a diferencia del de la Antártida, se ubica tanto en el mar como en tierra, esta parte terrestre es lo que se conoce como el manto polar ártico, que está apuntalado por varios glaciares que desembocan al mar. El deshielo de las plataformas heladas marinas no contribuye al aumento del nivel del mar (el agua procedente del deshielo ocupa el mismo espacio que anteriormente ocupaban éstas en su forma sólida) pero es el que mayor riesgo tiene de desaparecer durante el verano si sigue el calentamiento global. Es precisamente en este sentido en el que los científicos predicen “veranos libres de hielo hacia 2030”. Por su parte, el deshielo del manto polar ártico, igual que el desprendimiento de icebergs de los glaciares hacia el mar, sí contribuye al aumento del nivel del mar y pese a que el manto polar ártico -por su extensa superficie y grosor- se deshiela a velocidad muy lenta, su estabilidad está amenazada por el deshielo de los glaciares en los que se apoya.

Los equipos del doctor. Hamilton y la doctora Straneo -científicos independientes embarcados en el Arctic Sunrise- están estudiando la aceleración en el deshielo de los glaciares árticos para disponer de un escenario de futuro fiable, pues las previsiones sobre cambio climático que se barajan hasta ahora no contemplan el deshielo de esta parte del planeta, ni marino ni continental, por lo que podrían quedarse cortas. En este sentido, acusar a Greenpeace de alarmar por transmitir los datos barajados por los científicos que forman parte de la expedición me parece muy irresponsable. Ocultar la verdad y sembrar dudas allí donde hay certeza científica es desinformar.

Por suerte los negacionistas son una minoría. Medios de comunicación de todo el mundo se están acercando al Arctic Sunrise para entrevistar a los científicos e informar al mundo de los impactos del cambio climático. Ellos, como nosotros, volverán del Ártico convencidos de la urgencia de actuar y de las posibilidades de frenar el cambio climático en Copenhague, volverán con la necesidad de contarle al mundo que esto se puede parar pero que hay que hacerlo ahora… y, como nosotros, para ellos también habrá un antes y un después del viaje al Ártico.

Aída Vila, campaña  de Energía y Cambio Climático de Greenpeace España

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El glaciar Helheim de Groelandia visto desde el aire.

El glaciar Helheim de Groelandia visto desde el aire.

Hace unas horas hemos sobrevolado el manto polar ártico y el glaciar de Helheim y aún estoy sin palabras. Sobrevolar un glaciar es algo tan extraordinario que resulta imposible digerirlo en el acto; la mente tarda un tiempo en procesar tanta información y, de hecho, creo que la mía todavía no ha terminado.

El glaciar Helheim, cuya parte frontal se sitúa en el fiordo de Sermilikad, tiene 6 km de ancho en su pared frontal, 1 km de grosor y se extiende unos 40 km hasta alcanzar el manto de hielo polar,  algo parecido a un desierto blanco, salpicado de riachuelos y lagos provocados por el deshielo. La perspectiva aérea de un paisaje tan inusual y espectacular te hace sentir extremadamente pequeño y vulnerable pero a la vez, el hecho de saber que estos sitios están “en peligro de extinción” te provoca el sentimiento contradictorio ¿Cómo podemos ser tan poderosamente destructores siendo tan poca cosa en comparación con la inmensidad de lugares como éste?

El Dr. Gordon Hamilton nos acompaña para contarnos en qué consisten los estudios sobre este glaciar que está desarrollando desde hace cuatro años. Su primer viaje a la zona fue en 2005, para medir la velocidad de desplazamiento del hielo del manto polar hacia el mar a causa del derretimiento de los glaciares que actúan como dique. En esa ocasión el estudio se centró en los glaciares de Helheim y Kangerdlugsuaaq y los resultados fueron tan sorprendentes que el Dr. Hamilton se pasó varias horas recalculándolos, creyendo que había cometido algún error. Pero no había tal y en los datos obtenidos al final se constató que los glaciares se estaban moviendo tres veces más rápido que meses antes.

En efecto, la velocidad a la que se deshiela el glaciar Helheim es impresionante, apreciable a simple vista en cuestión de días, y el descenso en su grosor queda patente en las marcas de las paredes laterales. Mientras que la mayoría de glaciares avanzan a razón de unos 50 metros al año, el glaciar Helheim se mueve a la velocidad de ¡30 metros diarios!

Entender el razonamiento físico que explica este proceso es un reto para el equipo del Dr. Hamilton pero también una necesidad. Si estos glaciares se mueven al doble de velocidad que años atrás también están contribuyendo el doble al aumento del nivel del mar y esto no está previsto en ninguno de los escenarios oficiales que se toman en consideración en los foros de Naciones Unidas sobre cambio climático.

El IPCC predice un aumento del nivel del mar de entre 30 y 60 cm para 2100, pero sólo contempla el aumento del nivel del mar provocado por el deshielo (hielo que pasa a líquido por el aumento de temperaturas), omitiendo los icebergs que se desmoronan del glaciar y que son una forma mucho más rápida de aumentar el nivel del mar y de reducir la masa de hielo del manto polar. De acuerdo con estos datos, la mayoría de glaciólogos reconocen que el aumento del nivel del mar para 2100 va a oscilar entre 1 y 2 metros.

Durante el vuelo, el Dr. Gordon Hamilton nos cuenta que cada vez que se desprende un iceberg se genera un pequeño tsunami y una reacción en cadena: el glaciar avanza (porque la fuerza de la rotura del iceberg tira de él hacia delante), consecuentemente, adelgaza en su grosor y, al pesar menos, el manto de tierra que le soporta experimenta un pequeño ascenso. Para controlar todos estos movimientos y ser capaces de entender la dinámica del glaciar a la perfección, el equipo del Dr. Hamilton ha instalado varios instrumentos de medida: En el glaciar se han instalado GPS capaces de transmitir automáticamente y de forma periódica su posición a un ordenador central desde el que el equipo puede conocer, en cada momento, la velocidad a la que avanza el glaciar. En la ladera de la montaña situada a ambos lados del glaciar, se han colocado unos instrumentos que miden la liberación de peso en la superficie terrestre, así como cámaras fotográficas automáticas que toman una foto cada dos minutos para registrar cualquier desprendimiento que se produzca. Por último, en la parte opuesta a la franja frontal del glaciar, se ha colocado un sismógrafo que mide los movimientos sísmicos o “pequeños tsumanis”.

Los científicos deben seguir investigando para determinar porque se acelera el derretimiento del glaciar, si el mismo tiene relación con las corrientes de agua caliente del golfo y cuales son las previsiones de aumento del nivel del mar si no frenamos esta dinámica, pero nos encontramos en un momento histórico y la decisión más inminente en la que se puede salvar el clima está en manos de los políticos.

La historia de la humanidad está marcada por las decisiones políticas tomadas frente a cada crisis. La crisis del clima exige capacidad de liderazgo y valentía política y si nuestros líderes no están a la altura de las circunstancias, pueden pasar a la historia como los responsables del mayor desastre climático al que hemos tenido que enfrentarnos nunca. El próximo mes de diciembre se celebra en Copenhague la cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la que debe alcanzarse un acuerdo que contemple reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados, mecanismos eficaces para la protección de los bosques y la financiación necesaria para apoyar a los países en desarrollo en la lucha contra el cambio climático. Los políticos que han participado en la expedición de Greenepace en el Ártico no tienen dudas de ello, la cuestión es si el resto va a escucharles.

Aida Vila, campaña  de Energía y Cambio Climático de Greenpeace España


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aida-articoEn Tasiilaq amanece a las tres de la mañana y muchas casas no tienen persianas, así que es frecuente encontrarse con turistas con cara de sueño. Esa es la pinta que tengo hoy pero no por el amanecer sino porque la impaciencia por iniciar las actividades científicas en uno de los parajes más espectaculares del mundo me ha despertado temprano.

Sólo llegar al barco me doy cuenta que no soy la única con cara de sueño: el periodista indio comenta que no ha podido dormir en toda la noche de la emoción de estar a bordo de un barco de Greenpeace y Texas, el radio operador, y Steven, el cámara de la expedición, se han levantado a las tres para preparar una conexión con Australia para las nueve de la mañana: vamos a entrar en directo en la ceremonia de estreno de “Age of Stupid”, una película ambientada en un futuro afectado por el cambio climático que hace referencia a la época en que pudo haberse detenido este fenómeno y no se hizo. Sin duda, el argumento invita a la reflexión (sobre todo en lugares como el Ártico donde los impactos son tan evidentes) y esto es lo que pretende nuestra conexión, poner de manifiesto la necesidad de actuar urgentemente si no queremos pasar a la historia como “la era de la estupidez”. De ello va a encargarse Eric Phillips, un experto explorador glaciar que forma parte de  a tripulación del Arctic Sunrise para esta expedición.

La conexión se realiza con éxito e inmediatamente después, el helicóptero del barco parte hacia el glaciar Helheim con el equipo de la CNN y el Dr. Gordon Hamilton (Universidad de Maine), para grabar imágenes y sus declaraciones. El resto de periodistas y fotógrafos sacan fotos o hacen entrevistas en el barco y, mientras todo esto sucede, el equipo de la Dra. Fiamma Straneo (Woods Hole Oceanographic Institution de los Estados Unidos) se prepara para iniciar los muestreos en el fiordo de Sermilikad. Con la ayuda de una grúa que han soldado a la cubierta del barco, van a sumergir un instrumento que mide la temperatura, la salinidad y la turbosidad del agua. Los datos obtenidos en varios puntos del fiordo (con diferentes profundidades) les van a permitir avanzar en la investigación acerca de la aceleración del deshielo de los glaciares de esta zona debido a la llegada de aguas subtropicales cálidas.

Este fenómeno ha sido escasamente estudiado hasta la fecha y no está previsto en los documentos oficiales sobre cambio climático ni en las proyecciones de escenarios que maneja el Panel Intergubernamental sobre Cambio climático de Naciones Unidas (IPCC). Los primeros indicios de la presencia de agua caliente en el entorno de estos glaciares fueron constatados en una expedición que el equipo de la Dra. Straneo realizó en 2005 y, ante las incertidumbres acerca de la influencia de este fenómeno en el derretimiento de los glaciares, consideraron interesante investigar en colaboración con un equipo de expertos en deshielo. Así fue como entraron en contacto con el Dr. Hamilton, centrado en el estudio de la aceleración del derretimiento glaciar en el Ártico. Desgraciadamente, los primeros resultados derivados de investigaciones conjuntas no llegaron a tiempo para ser incluidos en el proceso de elaboración del cuarto (y último hasta la fecha) informe del IPCC que, pese a publicarse en 2007, está basado en datos recopilados hasta 2005.

Los dos equipos se complementan a la perfección y han llegado a constatar que los glaciares que mayor aceleración presentan en el deshielo son los que, según los mapas de corrientes marinas, están más cerca de la corriente de agua cálida del golfo. Pero todavía quedan muchas dudas por resolver: ¿cuáles han sido las dinámicas oceánicas que se han alterado para que la corriente marina del golfo llegue a entrar en un contacto tan directo con el glaciar? ¿Cuál es la relación entre las alteraciones en la temperatura, salinidad y turbulencia del agua y la dinámica de comportamiento del glaciar? ¿Cuáles serían los escenarios de deshielo en un futuro si no frenamos este proceso de aceleración?

Los datos que recopilemos durante esta expedición van a aportar luz sobre estas cuestiones pero lo que ya está claro es que estos glaciares se derriten a un ritmo cada vez más acelerado y, con ello, contribuyen al aumento del nivel del mar en una magnitud que no estaba prevista en los escenarios recogidos por el IPCC en el año 2007.

Con estos datos en mente me hago una rápida composición de lugar que me pone los pelos de punta: si este fenómeno no está recogido en los escenarios previstos por el IPCC, los límites de reducción de emisiones recomendados por Naciones Unidas (del 25 al 40% para los países desarrollados en 2020) no son suficientes para frenar el cambio climático, entonces, no quiero ni imaginarme lo que puede pasar si el acuerdo de Copenhague no llega ni a estos mínimos. Un escenario que no es tan improbable si tenemos en cuenta que el compromiso unilateral de la Unión Europea para Copenhague (reducción conjunta del 20% de las emisiones para 2020) queda por debajo del rango recomendado por el IPCC.

El Dr. Hamilton hace una reflexión parecida en voz alta que termina con la necesidad de que “los líderes políticos estén a la altura en Copenhague si no queremos que se precipiten los acontecimientos y el cambio climático se convierta en algo irreversible”. Así que, ante esto, sólo nos quedan dos opciones: confiar en la talla política de los líderes mundiales o echarnos a temblar… Desde el Arctic Sunrise seguimos apostando -y trabajando- para garantizar la primera, sin embargo, lo que hemos escuchado no nos deja indiferentes y ni el hecho de encontrarnos en uno de los lugares más mágicos del mundo es suficiente para sentirnos plenamente felices hoy.

Aida Vila, campaña Cambio climático y Energía de Greenpeace España

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iceberPLa extrema derecha, los movimientos neocon americanos y los lobbys negacionistas del cambio climático están haciendo circular por Internet la siguiente noticia: Greenpeace admite en directo en la BBC que mintió acerca de la fusión del Ártico.

La noticia no es cierta y está siendo promovida por el puñado de escépticos del calentamiento global. Si quieres ayudarnos difunde esta aclaración por la red y argumenta cualquier blog que encuentres sobre el tema.

Estos son los hechos: Gerd Leipold, nuestro Director Ejecutivo internacional, fue entrevistado en el programa de la BBC “HardTalk” hace unos días. En el transcurso de esta entrevista se generó un malentendido con el periodista Stephen Sackur, conductor del programa. Sackur citó un comunicado de Greenpeace (en realidad, se trataba de una historia web) del 15 de julio para intentar argumentar que Greenpeace exageró el impacto del cambio climático en el Ártico. Este es el párrafo que hace referencia:

  • Ártico libre de hielo. Nos llegan malas noticias. Un reciente estudio de la NASA ha demostrado que la capa de hielo no sólo es más pequeña, sino también más delgada y más reciente. El hielo marino ha decrecido de manera espectacular entre 2004 y 2008. El hielo antiguo (de más de 2 años de edad) tarda más en derretirse y también es mucho más difícil de reemplazar. Si este hielo disminuye, veremos veranos libres de hielo en el Ártico hacia 2030.”

Sackur alegó que Greenpeace estaba haciendo una predicción de que todo el hielo en el Ártico -incluida la placa de hielo de Groenlandia, que está en la tierra- dejaría de existir en 2030. Cosa que Greenpeace NO ha dicho en ningún momento. Cuando hablamos de “los veranos libres de hielo” en el Ártico, estamos usando el término de la misma manera que la NASA y los científicos del clima en todo el mundo lo utilizan: para describir un Ártico libre de hielo marino. Y Sackur, o su investigador, lo habrían comprendido si hubiera leído el artículo completo.

Cierto es que la frase en esa noticia web podría haber sido más precisa insertando la palabra MAR, para que el público no entendido no le hubiera quedado la más mínima duda. Pero el término “libre de hielo” para referirse a la falta de hielo en el océano era el utilizado en el informe de la NASA que se citaba, y es el término que comunmente se utiliza en todas las publicaciones científicas, así como entre periodistas. Incluso haciendo un experimento en google, si se realiza una búsqueda de las palabras “ice free summers” (veranos libres de hielo) y “artic” (Ártico) se obtienen unas 230.000 referencias. Y, sorpresa, la primera entrada es una historia de la misma BBC que habla de la retirada del hielo marino, con un sorprendente título: “Veranos libres de hielo en el Ártico en 2013” Con los mismos argumentos con los que se nos ataca ¿Estaría la BBC sugiriendo el colapso de toda la placa de hielo de Groenlandia?

Greenpeace no tienen ningún problema en argumentar cuestiones difíciles ni en defender una lucha justa, porque los argumentos están de nuestro lado. Argumentos compartidos mundialmente por toda la comunidad científica. Pero lo que no es moralmente aceptable es que se nos pida aclarar algo que no es cierto, sino una distorsión de los hechos.

Los pocos escépticos del cambio climático que aún quedan en el mundo, marginados por la comunidad científica, están intentando convertir esta historia absurda en una victoria, atacando a la organización por falta de precisión para así apoyar sus argumentos carentes de todo rigor científico de negación del cambio climático.

La situación es un pocosurrealista, que tengamos que ser nosotros los que aclaremos algo que no hemos dicho. Pero preferimos que las cosas queden bien claras para no dar el mínimo argumento a los que con mala fe, sin rigor periodístico ni científico, intentan agarrarse a un “clavo ardiendo” para seguir sosteniendo que la Tierra es plana.

Si quieres ayudar en la lucha contra el cambio climático comparte esta historia por la red. Y anima a la gente a seguir nuestro viaje a Groenlandia a bordo del Artic Sunrise con una tripulación de científicos y expertos glaciólogos de renombre mundial en una campaña de documentación e investigación del impacto del cambio climático en la zona.

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