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Archive for octubre 2008

Hay que ver con qué celeridad corren los líderes mundiales en socorro de los banqueros en dificultades. Dejando en casa la ideología, unos y otros se aplican para poner tantos recursos públicos como sea necesario para evitar el hundimiento del sistema financiero. Dicen que es el por el bien de todos. Vale. Pero….¿por qué no se actúa así contra la crisis ecológica o contra la pobreza?

Lo malo no es sólo que los gobiernos no actúen, sino que el medio ambiente va a ser una víctima real de esta crisis. Y con él, los más vulnerables: los más pobres. De hecho ya anuncian rebajas en las tímidas políticas ambientales de la Unión Europea como consecuencia de esta situación. «No queremos que las empresas paguen las factura» dice Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea. Claro, mucho mejor seguir destruyendo un patrimonio que es de todos, luego ya se verá cómo se arregla….Lo malo, señor Durao, es que la destrucción de medio ambiente no se resolverá luego con dinero, porque en muchos aspectos es irreversible, y cada vez lo será más.

En realidad esto ya lo habíamos vivido en España con la eliminación por parte de Zapatero del Ministerio de Medio Ambiente, y los sucesivos capítulos de pérdida de peso de lo ambiental en la política española que también hemos ido narrando puntualmente en este blog.

Hablaba mi colega Alfredo Merino en su último post de la tristeza de los ecologistas. No es para menos. Fijate, Alfredo, en qué paradoja nos encontramos: nada hay más público, más de todos, que el aire, el sol o el agua. Pero no tiene autoridad pública que quiera defenderlo. Los mismos gobiernos que acuden prestos a defender a la banca, reducen la protección ambiental.

Para comparar la rapidez de reacción entre un caso y otro pensemos en la Cumbre de la Tierra – Río de Janeiro, 1992-. Los líderes de todo el mundo se comprometen a poner freno a la crisis ambiental. Desde entonces se entró en lentísimos procesos de discusión que no nos han llevado muy lejos, mientras continúa imparable la degradación. Basta mirar cada día los titulares de la prensa para darse cuenta. Simplemente no ha habido voluntad política, ni liderazgo para hacer frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la desertización.

Es una pena, por que hay un potencial de desarrollo inmenso en las políticas ambientales. Probablemente los mayores yacimientos de empleo se encuentren hoy en sectores como las energías renovables, el reciclaje o la protección y gestión de espacios naturales. Pero nada de esto ocurrirá si en vez de impulsarse, se le pone freno a ese potencial.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España

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Es la foto del peligro nuclear. Se trata de la central nuclear de Santa Mª de Garoña, al norte de Burgos, una antigualla inaugurada por Franco en 1971.

Su vida útil técnica está agotada, como lo demuestran las grietas que han aparecido, por efecto de la corrosión, en su vieja estructura: en múltiples componentes de la vasija del reactor, que es el corazón de la central nuclear, (que encierra el núcleo de uranio). Son componentes fundamentales para la seguridad. No en vano se la conoce como «la central nuclear de las mil y una grietas».

Su aportación al sistema eléctrico es de menos del 1,3% del total. Esta aportación marginal se ve compensada de forma sobrada, año tras año, con el incremento de producción con energías renovables.

Se mantiene en funcionamiento sólo por la avaricia de sus propietarios: Nuclenor (50% Endesa, 50% Iberdrola), ya que está sobradamente amortizada.

Carlos Bravo Villa, responsable de la Campaña de Energía Nuclear de Greenpeace.

Sigue Fotodenunciando en la web de Fotodenuncia

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FOTO:
Titulo:
Central Nuclear de Garoña
Lugar:
Santa María de Garoña,  Burgos

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El sector turístico en México, representa un 8% del PIB nacional, una cifra nada desdeñable pero que podría correr peligro. Esto es lo que analiza el informe “Del cambio climático al desastre turístico”, que ha publicado Greenpeace México.

Según este informe, el primer factor que amenaza el turismo mexicano tiene una dimensión global: se trata del Cambio Climático (que, por supuesto, amenaza también el turismo y la costa española).  Según el IPCC las comunidades y hábitats costeros se verán cada vez más afectados por los impactos del cambio climático, en interacción con el desarrollo y la contaminación.

Los fenómenos climáticos extremos (huracanes, sequías, inundaciones), la erosión costera, la proliferación de medusas, de algas o el blanqueo de corales, pueden hacer que el turista apueste por otros destinos vacacionales.

Pero el turismo, además de sufrir las consecuencias, puede a su vez agravar el cambio climático si se apuesta por un desarrollo urbanístico insostenible (que aumenta las emisiones de CO2, la demanda de agua o destruye ecosistemas que actúan como barreras naturales ante los impactos del cambio climático -nos referimos por ejemplo a los manglares y las dunas-)

El segundo de los factores que amenaza el futuro del turismo en México, es la política turística de su gobierno más preocupado por el beneficio económico privado que por la conservación de un medioambiente patrimonio de todos. Greenpeace México le pide al gobierno una nueva Ley que frene el turismo depredador y que contemple medidas de adaptación y mitigación de las repercusiones del cambio climático en el sector.

La tercera amenaza no corresponde a un problema global, ni es responsabilidad exclusiva del gobierno mexicano, sino que atañe directamente a las empresas españolas. Y es que el 70% de los hoteles que destruyen las costas mexicanas (en Cancún el 95%) se ha construido con inversiones de nuestro país (como las que han sufragado la construcción del nuevo hotel de NH en Puerto Morelos -Quintana Roo- que vemos en la foto).

Ahora que hemos saturado las costas nacionales, es una «suerte» que aún queden bellas costas por destruir en países como México.

Carmen Solla, campaña de Costas y Océanos de Greenpeace.

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Barcelona acoge el Congreso Internacional de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), un organismo mixto que aglutina a gobiernos y ONG, que trabaja para conseguir la conservación del medio ambiente.

Vaya por delante mi enhorabuena a Barcelona por acoger este gran Congreso ecologista en el que se van a trazar algunas de las líneas que marcarán la conservación en los próximos años. Una vez más Barcelona muestra una sensibilidad hacia estas cuestiones de la que carece, por ejemplo, la Comunidad de Madrid.

Uno de los momentos más esperados de cada Congreso de la UICN es la presentación de las Listas Rojas en las que se establece la salud de las especies animales. Este año nos hemos enterado de que uno de cada cuatro mamíferos se encuentra en peligro de desaparecer. Las causas no por conocidas deben dejar de recordarse: destrucción de su hábitat, sobreexplotación y cambio climático. Así de claro lo ha expuesto en la presentación del último informe de la UICN su directora general Julie Marton-Lefevre: de un total de 5.487 especies de mamíferos, 1.141 están en peligro de extinción. Algunos de ellos son viejos conocidos nuestros como el lince ibérico.

Comenzaremos recordando que el ser humano también es una especie de mamífero y que, por tanto, lo que estamos haciendo al resto de las especies nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Ubicados en lo alto de la cadena trófica, la situación de los mamíferos es sólo una consecuencia del descalabro global del ecosistema.

Estos datos no pueden sorprendernos ya que corroboran lo que desde diversas instituciones llevamos advirtiendo desde hace años, aunque ponen el dedo en la llaga del coste de un modelo de desarrollo basado en el crecimiento continuado del consumo de recursos naturales.

La extinción es para siempre. Cuando una especie desaparece nada la puede volver a poner sobre la faz de la tierra. Las consecuencias, por tanto, de las extinciones son irreversibles. Y cada vez que una especie se extingue estamos arrebatando a las generaciones venideras el derecho a convivir con ella.

Además, desconocemos las consecuencias que puede tener la desaparición de cada una de las especies. Lo que sí sabemos es que en la medida en que la red de la vida se va empobreciendo, también se hace más frágil, más vulnerable y más susceptible a los cambios ambientales.

Podemos seguir ignorando esta situación o tratar de ponerle freno. Nosotros apostamos por lo segundo.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España.

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Embarqué el día 20 de julio en Bangkok, rumbo hacia el Mediterráneo, para empezar en Israel la campaña «Abandonemos el carbón» (Quit coal) contra el uso del carbón.

En el Rainbow Warrior trabajo como “deckhand”, es decir, marinera. Tal como describe la palabra en inglés, el “deckhand” es la “mano de cubierta”: es la “mano” que se ocupa de todo el trabajo en cubierta y del mantenimiento del barco en general. Los marineros cuidan también de preparar y realizar las maniobras en puerto, las de fondeo, de izar y arriar las velas y de una infinidad más de trabajos como picar, pintar, engrasar, ordenar, baldear, cargar, descargar, estibar, trincar, etc.

Además, uno de los marineros tiene el cargo de “garbologist”, que consiste en gestionar los residuos que se generan abordo y de su correcta separación para poderse reciclar al llegar a puerto.

El equipo de marineros participa también como tripulación de los botes rápidos para realizar las acciones. Y también está presente en las jornadas de puertas abiertas (“open boat days”) para asistir a la gente que visita al Rainbow Warrior en los puertos, aunque desde que empezó la campaña “abandonemos el carbón” (“Quit coal”) en el Mediterráneo, todos los voluntarios tanto en Israel, Turquía como en Grecia han sido tan eficientes que casi no era necesaria nuestra intervención!

Otra de nuestras funciones importantes es la de hacer la guardias de navegación con el capitán o los oficiales. Éstas se organizan en turnos de 4 horas durante las cuales se hacen varias rondas de seguridad para controlar que todo esté funcionando correctamente o poder detectar alguna irregularidad (una vía de agua, un incendio, una fuga, etc).

Durante el tránsito desde el sureste asiático hacia el Mediterráneo, cuando nos acercamos al mar Rojo, la labor de las guardias cobró gran importancia debido a un tema un poco increíble en pleno siglo XXI: la piratería.

Resulta que el paso entre Yemen y Somalia está infestado de piratas. De hecho, lo podíamos comprobar cada día por el canal 16 de la VHF donde se escuchaban capitanes de otros barcos, un poco alterados dando la posición de donde los habían atacado los piratas, generalmente de día. Estábamos realmente rodeados. Por este motivo se doblaron las guardias y día y noche estábamos mirando siempre al horizonte para poder detectar al bote pirata que se acercaría al Rainbow Warrior, un barco ideal para ser asaltado por su poca velocidad y su francobordo tan bajito.

Fueron días de un poco de tensión y paranoia entre la tripulación. Finalmente, cuando parecía que ya habíamos pasado la zona afectada, un mediodía durante mi guardia detectamos un bote con tres personas abordo que se nos acercaba a toda velocidad. ¡Allí estaban los piratas! Alarma general en el barco, todos a cubierta preparados para el ataque. Bien, en realidad poca cosa se podía hacer, ya que estos piratas son muy profesionales y van armados hasta los dientes. Cuando ya los teníamos cerca, nos dimos cuenta que detrás de ellos venían 4 botes más hacia nosotros (¡!). Adrenalina a tope, todas las mangueras contra incendios tirando agua por la borda. Preparados para el ataque.

Nuestra sorpresa fue total cuando el primer “bote pirata” nos cruzó la proa saludándonos amablemente con la mano. Nos quedamos todos un poco desconcertados, nos reímos y también los saludamos, eso sí, sin perderlos de vista. Así un bote tras otro fueron pasando y alejándose hacia la dirección opuesta a la que venían.

Asi que finalmente por suerte, todo quedó en una falsa alarma. O quizás fue que las misas que cada domingo encargaba la esposa de nuestro cocinero de Filipinas para protegernos de los piratas hicieron su efecto!

A bordo del Rainbow Warrior, Iona Ascolies Creixells

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El sector energético es el principal responsable del cambio climático y el carbón el combustible fósil más contaminante. Las centrales térmicas de carbón, entre las que se encuentra la que vemos en la foto (Aboño, Asturias) proporcionaron en 2006 un 23% de la generación eléctrica, representando un 64% de las emisiones del sector en ese año.

Existe un amplio consenso acerca de la necesidad de cambiar la forma de producir y consumir energía pero todavía hay muchas barreras, inercias y falsas creencias que deben superarse para afrontar este reto. Por este motivo Greenpeace ha publicado el informe «El carbón en España, un futuro negro» en el que se desenmascaran algunos de los falsos mitos del carbón:

España no es autosuficiente en el consumo de carbón. Importamos más del 60% del carbón que utilizamos a un precio que en los últimos 7 años ha alcanzado incrementos de hasta el 160%. El carbón español, además, es de menor calidad y mayor poder contaminante que el importado y, debido a su escasa cotización en el mercado, su extracción y venta está fuertemente subvencionada.

Si a lo anterior añadimos que el empleo generado por el sector carbonero no es, ni por asomo, comparable al que pueden llegar a generar las energías renovables, no hay excusa para afrontar el cambio que nuestro medio ambiente requiere y redirigir las ayudas públicas al carbón hacia las energías renovables, las únicas que pueden contribuir a la lucha contra el cambio climático, generando empleo y riqueza para nuestro país.

Aída Vila Rovira, Campaña de Cambio Climático de Greenpeace.

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Fotografía:

Título: Parque de carbones de Aboño
Lugar: Aboño, Asturias
Autor: Anónimo
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Sección Cambio climático en la web de Greenpeace

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Joaquín Reyes ha rodado para Telecinco 2 y la Televisión de Greenpeace dos squech promocionales de la programación de Greenpeace.

Greenpeace elabora mensualmente para su programación online de Televisión y para Telecinco 2, que se emite los primeros jueves de cada mes después del informativo, un informativo, reportaje y documental mensual con contenidos sobre las campañas de Greenpeace.

Joaquín Reyes, colaborador voluntario de las campañas de Greenpeace, ha elaborado para este mes dos promos que seguro te divertirán. ¡No te las pierdas!

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En ocasiones el ser humano necesita argumentar un hecho evidente con cifras, números y datos que evidencien, de forma científica, la necesidad o no de continuar desarrollando una determinada actividad. No obstante, en el caso del carbón, existen otros muchos argumentos que, independientemente de ser fácilmente justificables cuantitativamente, lo son cualitativamente.

Y así es, el carbón representa una de las fuentes de energía, no sólo menos rentables y eficientes energéticamente, sino también más peligrosas y caras si hablamos de personas, de vidas humanas. Valorar esto parece más sencillo si hablamos de los 12 millones de euros que anualmente se destinan al Plan Nacional de Seguridad Minera y como ayudas a las empresas en materia de seguridad e higiene en las minas. Existen, además, costes externalizados que no se contemplan en estos pomposos presupuestos, costes reales que pagan los trabajadores y los ciudadanos y que no están incluidos en ningún sitio. Y que no sólo se reducen a costes ambientales evidentes como son los impactos sobre el suelo, acidificación de aguas, erosión, ruido, polvo, impacto sobre la biodiversidad, etc.

Resulta sorprendente que entre las ayudas dirigidas al sector del carbón no exista ninguna ayuda directa en caso de accidente de trabajo o enfermedad profesional, incluso en aquellos casos en que la enfermedad pueda provocar la incapacidad permanente del trabajador e incluso la muerte. ¿Qué le ocurre entonces a un minero que sufre un desgraciado accidente y no puede continuar trabajando? ¿quién se hace cargo de esos “costes externalizados?

Enfermedades lamentablemente denominadas “comunes” entre los mineros como son la neumoconiosis o la hipoacusia o pérdida de audición, no tienen cabida en esos 12 millones de euros, que cientos de personas se resignen a padecer problemas respiratorios durante el resto de su vida o que, según el propio Instituto Nacional de Silicosis de Oviedo un 40% de los mineros sufran pérdida de audición en, son factores determinantes a la hora de valorar si una actividad como la extracción del carbón es rentable, porque no sólo hablamos de millones de euros, sino de calidad de vida.

Asímismo, el sector del carbón percibe ayudas en materia de seguridad minera pero a modo de inversión en “prevención”, es decir, dinero que se emplea en “evitar” accidentes, pero no es dinero que se pueda emplear una vez que ha ocurrido un accidente.

El proceso de extracción genera, además, grandes cantidades de metano, que no sólo es un gas de efecto invernadero que contribuye a aumentar los efectos del cambio climático, sino que es altamente explosivo y puede  provocar asfixia en los mineros si no se utilizan sistemas de ventilación adecuados. Lamentablemente los presupuestos dedicados a la prevención de accidentes en las minas no son suficientes y continúan produciéndose accidentes, el propio Ministerio de Trabajo publicaba un dato significativo en 2008: en Asturias se producen una media de cinco accidentes laborales al día. En 1997 la frecuencia de muertes en la industria extractiva fue 7,5 veces superior a la media española en todos los sectores, aunque la tendencia es a la baja, en el 2006 la frecuencia continuaba siendo 6,6 superior.

Al final, estos datos se transforman en hechos reales, en responsabilidades reales y costes que asume, no sólo el trabajador al hipotecar su calidad de vida, sino también el resto de ciudadanos que los asumimos en forma de pensiones de incapacidad, viudedad, orfandad, etc. Y como decíamos al principio, muchas veces sólo se entienden los argumentos en forma de cifras, pues bien, las cifras son alarmantes, en el 2006 la industria minera la costó al Estado entre 62 y 70 millones de euros. Y para los que queremos saber, además de entender, esto se traduce en 70.083 personas afectadas que, si hubieran trabajado en otro sector diferente del carbón, se habrían reducido entre 9.000 y 16.500.

Así es, 70.083 personas son 70.083 razones de peso para abandonar el carbón

Patricia Bermejo, campaña de Cambio climático de Greenpeace

– ACCIÓN.- Activistas de Greenpeace abordan el barco carbonero Windsor Adventure para señalar las causas del cambio climático

Galería de imágenes

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Navego en Greenpeace porque no puedo dar la espalda a todos los problemas a los que nos estamos enfrentado. Como marino he navegado en muchos barcos pero nunca antes le había encontrado tanto sentido a mi profesión.

Mi trabajo como segundo consiste fundamentalmente en pilotar el barco en mi guardia, trimar las velas, trazar las rutas entre los puertos donde navegamos y cuidar de todo el equipamiento náutico necesario en caso de una emergencia a bordo.

Este mítico barco propulsado por el viento tiene un especial significado en la campaña «Salvemos el clima: abandonemos el carbón» (QUIT COAL). El Rainbow Warrior nos enseña que tambíen otras energías son posibles. Siempre  es mejor navegar sin los motores, pues tenemos velas!

La Campaña empezó muy intensamente en Israel. Es en estas acciones cuando das todo lo mejor pese a las dificultades. Es sorprendente como la tripulación, cada uno de diferente nacionalidad, tiene un mismo objetivo en común y  da lo mejor de si, sin importar el día o la noche, el frío o el calor. Todo el mundo puede aportar su gran pequeño grano de arena para solucionar todo este desastre. Está en nuestras manos.

All the best.
A bordo del Rainbow Warrior, Fernando Romo, segundo oficial.

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Bajan las bolsas, pero las emisiones contaminantes siguen subiendo. Ya comenté en un blog anterior que no parece ser algo que preocupe a los líderes del mundo, que han dejado pasar la Asamblea General de Naciones Unidas sin dedicar un suspiro al cambio climático. Conviene echar una ojeada a los datos para dejar en evidencia su irresponsabilidad y falta de compromiso con nuestro planeta.

Las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero están subiendo, y mucho. Según datos del Global Carbon Project desde que entramos en el siglo XXI el crecimiento de las emisiones se ha disparado, multiplicándose por tres con respecto a la última década del siglo anterior. Si en los años 90 del siglo pasado las emisiones crecían un 1% al año, desde que hemos entrado en el nuevo siglo están creciendo alrededor del 3%. Globalmente, las últimas estimaciones establecen que desde el año 1992, en que se celebró la Cumbre de Río de Janeiro, las emisiones de dióxido de carbono han subido un 38%.

También el crecimiento de la concentración de CO2 en la atmósfera se ha acelerado, pasando de un aumento de 1,5 ppm al año, a un aumento de 1,9 ppm anual, que nos ha llevado a las actuales 382,6 ppm. Estos datos indican que el actual nivel de CO2 en la atmósfera es un 35% más alto que los niveles preindustriales. Este aumento se debe a diversos factores, entre los que se incluye el aumento de las emisiones, y también la perdida de eficacia de los sumideros de carbono naturales – especialmente los océanos- .

En lo referido al liderazgo en la distribución de las emisiones también se han producido cambios importantes. China ha pasado a ser el número uno del mundo, seguido por Estados Unidos, Rusia e India. De los grandes emisores mundiales sólo la Unión Europea está manteniendo las emisiones estables, aunque tampoco está consiguiendo reducciones importantes.

Los datos de emisiones nos sitúan en una situación peor que el escenario más pesimista del *IPCC *Naciones Unidas. Reputados climatólogos, James Hansen entre otros, están advirtiendo que una concentración de CO2 en la atmósfera por encima de 350 ppm nos sitúa fuera los límites seguros, y hace tiempo que hemos superado esa cifra.

Así que más vale que los que tienen la responsabilidad del liderazgo político y económico empiecen a tomar en serio de una vez esta cuestión, porque el tiempo va pasando, y las emisiones aumentando sin freno. No hay mayor crisis financiera que la destrucción de nuestro único hábitat posible.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España

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