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Archive for 31 mayo 2008

Esto es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. Esta mañana, a las 10h, el señor chair declaró la adopción del Tratado para la prohibición de las bombas de racimo. Podemos decir pues, que hoy el mundo es un poco mejor. Se ha logrado un hito histórico.

Hacía más de diez años, desde el Tratado de Ottawa, que no vivíamos un logro de tal calibre para el desarme internacional. Es, sin duda, un paso más a favor de la justicia y la paz. Tod@s l@s que estamos aquí no hemos asimilado aún lo que significa el momento que estamos viviendo.

Somos conscientes que este es un paso más en el camino hacia la erradicación total del sufrimiento causado por estas bombas y que aún queda mucho trabajo por hacer. Las firmas del máximo numero de países y la adecuada asistencia a las víctimas, son algunos de los retos que se nos plantean ahora y que no podemos olvidar. Pero es en estos momentos debemos aprovechar la energía positiva (y renovable!) que tenemos para encarar hacia el futuro con ganas e ilusión.

La semana no ha sido fácil. Cientos de reuniones informales, carreras en interminables pasillos, llamadas de móvil, nervios, confusión, pero siempre con la esperanza de conseguir un buen texto. Un documento humanitario. Un escrito que protegiera a las víctimas y a las posibles futuras víctimas de estas bombas. Sin embargo, el buen ambiente entre los miembros de las organizaciones humanitarias ha marcado nuestro trabajo y vida en Dublín, haciéndolo más agradable, productivo y divertido.

Porque ninguna idea vale la vida de una persona, porque es posible y necesaria la paz, porque hemos demostrado que podemos mejorar el mundo. Nos vemos en Oslo.

Mabel González. Responsable de Desarme de Greenpeace
Marta San Roman. Prensa de Greenpeace

* Campaña de desarme

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Cansados pero felices

Todo está a punto de terminar. Ayer por la tarde, después de un almuerzo-sesión de lobby considerablemente agitada, llegaba la noticia. Los más de 100 Gobiernos presentes aquí en Dublí­n llegaban a un acuerdo sobre el texto del Tratado de prohibición de las bombas de racimo. Si cuando aterrizamos aquí­ hace dos dí­as, o cuando hace dos años comenzamos a trabajar este tema, alguien nos lo hubiera contado, nunca lo hubiéramos creí­do. El 28 de mayo de 2008, por fin el Tratado era una realidad. No por poca confianza en el poder de la sociedad civil, sino porque siempre pensamos que los intereses son demasiado grandes. Pero en este caso, hemos podido con el “lobby feroz”. Lo impensable se ha logrado.

Tenemos un Tratado sin excepciones. Sin ninguna excepción. Sin retrasos. Sin lagunas. Exactamente lo que reclamaba la sociedad civil y respaldaron algunos Gobiernos valientes. Todas las bombas de racimo quedarían prohibidas a partir de su entrada en vigor, y ningún país podrá alegar razones técnicas para retrasarla. Además, los apartados de asistencia a las ví­ctimas y cooperación internacional salen mucho más reforzados que en el Tratado de minas antipersonales. El Tratado se abre a la firma de los Estados en diciembre, en Oslo.

No somos utópicos y vemos la realidad. Alguna cosa ha quedado en el camino. Por ejemplo, nos hubiera gustado más claridad en lo relativo a operaciones y maniobras militares conjuntas entre países signatarios y no signatarios. Ahora bien, con la estigmatización que este Tratado arroja sobre este tipo de armas, el sector Bush y sus aliados lo van a tener difícil para poder usarlas. La condena moral serí­a demasiado grande (es posible que inventen otra cosa peor, pero allí­ estaremos).

Ayer por la noche se desató la euforia. Cámaras, flashes, los delegados, la sociedad civil… concedí­an entrevistas, corrían, se abrazaban… ¡los móviles quemaban! Y todo el mundo compartí­a una sensación: “Hemos hecho historia, tenemos un Tratado”. Aunque quizá lo mejor era la cara de felicidad de los supervivientes que han estado aquí­ para apoyar el Tratado, y que han llegado de Camboya, Sáhara, Serbia… Ellos son los verdaderos protagonistas de todo esto. Unos que ya han sufrido, y están aquí­, y otros por todas las ví­ctimas inocentes que este Tratado va a evitar.

Mañana a las 12.00h se cierra la Conferencia. Y desde entonces estaremos pensando en Oslo.

Eugeni Barquero i Concepción, Fundació per la Pau.

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El grupo de música La Unión y Greenpeace presentamos hoy una canción y un vídeo para la Tierra. Con él queremos hacer un homenaje a las criaturas que comparten este planeta con nosotros, a los ecosistemas en los que viven y a aquellas personas y organizaciones que luchan por defenderlos. La canción y el videoclip te los puedes bajar en miramasalla.org.

El mensaje – sí, ¡una canción con mensaje! – es claro: ya hemos hecho bastante daño a nuestro Planeta… No esperemos para actuar a que sea demasiado tarde y ya no haya vuelta atrás.

Es un mensaje destinado a sonar el próximo 5 de junio – Día Mundial del Medio Ambiente – y está especialmente dedicado a la gente, o lo que los sociólogos llaman sociedad civil, para que actúe. Se trata de invitarnos a tomar partido por la tierra frente a los intereses que la están destruyendo demasiado rápido.

Ante la pasividad de los políticos, más preocupados por su interés en ganar votos para las próximas elecciones, y las grandes empresas corporativas, ávidas de beneficio rápido a cualqueir coste, lo que decimos a la gente es que miren más allá… y actúen.

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Esta foto de un ciudadano sobre un campo experimental de transgénicos pone de manifiesto que algo esta pasando. No es un debate teoríco, ni virtual; no es una discusión académica o un debate cientíco … Mientras seguimos discutiendo sobre el alcance de los transgénicos y sus consecuencias, cuando aún ni siquiera podemos imaginar hasta donde pueden llegar -aunque ya tenemos muchos indicios- los intereses comerciales han decidido que la sociedad debe seguir adelante con esta aberración biológica.
Ya está bien de convertir nuestro planeta en un gigantesco experimento genético a escala global. Ya está bien de obligarnos a comer transgénicos. Greenpeace lleva años denunciando la presencia de transgénicos y trabajando para ofrecerle al mundo alternativas más justas, solidarias y sostenibles. Existen modelos agrarios que pueden producir alimentos para todos sin producir destrucción. Pero para alcanzarlos debemos seguir denunciando la presencia de transgénicos.

Título: ¿Con quién ensayan?
Lugar: Lleida, Catalunya
Autor: Elena Parrilla
fecha: 14-09-2006
es fácil saberlo

Hoy, además, se presenta desde Greenpeace el informe *La coexistencia sigue siendo imposible- Testimonios de la contaminación. *Se trata de un informe diferente, en el que se va desde el aspecto humano hacia el punto de vista politico-técnico, en el que se recogen una serie de testimonios de productores que han sufrido directa o indirectamente la contaminación por el maíz transgénico de Monsanto, MON 810, durante el año 2007. Te invitamos a que lo consultes en

http://www.greenpeace.org/espana/reports/la-coexistencia-sigue-siendo-i/

Web fotodenuncia

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Más cerca del objetivo

Faltan 48 horas para el final de la Cumbre Diplomática de Dublín y, si las expectativas que los Gobiernos y la sociedad civil tenemos en estos momentos se cumplen, el proceso será un éxito. El borrador de Tratado que está circulando ya ha sido consensuado en la mayoría de sus aspectos. Y si el resultado no defrauda las expectativas: prohibiría la inmensa mayoría de las bombas de racimo existentes y todas aquéllas que se han usado hasta ahora en los distintos conflictos.

Quedan algunos puntos importantes por cerrar, sin embargo. En estos momentos la sociedad civil está concentrando sus esfuerzos en tres aspectos: que en las próximas horas no se debilite la definición de bombas de racimo adoptada; que no haya retrasos ni periodos de transición; que el Tratado entre en vigor cuando 20 países lo hayan ratificado; y solucionar la cuestión de las operaciones militares conjuntas con países (EE UU especialmente) que no lo hayan firmado.
El ambiente es frenético y las reuniones se suceden. Los delegados gubernamentales se reúnen entre sí, con la Presidencia, con la sociedad civil… Ayer martes, en plena fiebre negociadora por la noche, el trasiego de delegados entre el Estadio y el hotel situado enfrente era continuo. Había reuniones en cada esquina. En la sociedad civil los estados de ánimo pasan del desánimo a la euforia (y viceversa). Los escenarios, las previsiones y las estrategias cambian cada cinco minutos.

Hay nervios, expectación y un estado de excitación contenida. Aunque quedan muchas cosas por atar, el objetivo está mucho más cerca. Ahora, volvemos al trabajo.

En Dublín, Eugeni Barquero, coordinador de campañas de Fundació per la Pau y Mabel González, responsable de Desarme de Greenpeace.

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Ayer por la tarde tuvimos nuestro primer contacto con la Conferencia Diplomática sobre bombas de racimo de Dublín. Lo primero que nos llamó la atención es la peculiaridad del sitio elegido como sede: un estadio de fútbol. El lugar en el que normalmente se disputan los partidos y se celebran y lamentan goles y jugadas sirve ahora como escenario de una cumbre internacional. Desde luego, no es algo muy convencional ver cómo fotos de afectados por las submuniciones de racimo roban el espacio de las paredes a las imágenes de los jugadores.

En los interminables pasillos resuenan mezclados los tacones de las delegadas de los distintos países y las ruedas de las víctimas que han acudido a esta cita para reclamar con su presencia una prohibición que impida que más gente pase por lo que ellos han pasado.

Acreditaciones de distintos colores colgadas al cuello separan y unen a los participantes. Azul para la sociedad civil (las más numerosas donde nosotros nos encontramos); verde para las delegaciones de los distintos gobiernos; amarillo para la prensa y el misterioso rojo que todavía no hemos logrado descifrar a quién corresponde.

Ayer por la noche estos colores se unieron y se mezclaron durante la recepción ofrecida por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Lejos de la formalidad de los entornos oficiales, tuvimos la oportunidad de conocer la gente que se esconde tras las acreditaciones.

La incansable hermana Denis, que ha estado trabajando durante más de 20 años con Kike Figaredo en Camboya, actuó como nuestro lazarillo en medio de tanta gente y nombres y nos fue guiando y presentando a otras muchas personas. Gracias a ella pudimos conocer a Ken, el estadounidense de la sonrisa eterna herido en el 93 en Somalia, que desde entonces ha hecho la eliminación de las “municiones durmientes” (bombas de racimo y minas antipersonales) su lucha. A Clunnareth, el camboyano que desde su silla de ruedas comenta entre entre risas y con una Guiness en la mano que debemos ir a Camboya. Y a muchas otras personas que se han desplazado hasta Dublín, al igual que nosotras, con la esperanza de que los gobiernos aquí presentes prohíban estos “artefactos de muerte”.

En Dublín, Marta san Román, prensa de Greenpeace.

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Destino: Dublín

Madrid, 8:30 de la mañana, aeropuerto de Barajas. Esperamos con nuestras maletas frente al mostrador. Todo está preparado, los ordenadores, la cámara de fotos y de vídeo y, por supuesto, los informes y demás material de la campaña: una bolsa entera con pegatinas y chapas en las que se lee “peligro bombas de racimo”.

Nos dirigimos a la capital de Irlanda para participar en la última, y decisiva, semana de la Conferencia Diplomática de Dublín, donde más de 100 gobiernos y 200 organizaciones de todo el mundo discuten, desde el pasado día 19, un tratado que regule el uso de las bombas de racimo.

Somos conscientes de que vamos a vivir una cita histórica, que asistiremos a la reunión internacional de Desarme más importante de la década y no podemos dejar de sentir cierto nerviosismo, una mezcla de esperanza y temor. Esperanza porque de aquí puede salir un texto que, por fin, prohíba un armamento que, desde los años 60 ha causado innumerables víctimas en todo el mundo. Temor de que tanto tiempo de trabajo y esfuerzo se esfume con la lúbrica de un texto que se quede en papel mojado.

Nuestro objetivo es claro: la prohibición total de este cruel e indiscriminado armamento. Esto es lo que defenderemos aquí durante los próximos días. Venimos a buscar un texto ambicioso, sin fisuras, un Tratado integral que prohíba todos los tipos de proyectiles de fragmentación (o de racimo) cuyas víctimas son en un 98% civiles.

Cuando hablamos de víctimas inocentes, no existen las medias tintas, las matizaciones no tienen cabida aquí. No hay bombas de racimo buenas, ni siquiera menos malas, cualquier tasa de error es inaceptable cuando se habla de vidas humanas, cualquier excepción resulta inaceptable para estos artefactos de muerte.

Existen ausencias importantes, los de siempre: Estados Unidos, China y Rusia (que tampoco ratificaron el Tratado de Otawa que prohibía las minas antipersonales) no han acudido a ninguna de las negociaciones del denominado Proceso de Oslo. A parte de los grandes ausentes, un grupo de países (liderados por Francia y Gran Bretaña) está defendiendo un acuerdo de mínimos. Y nosotros nos preguntamos ¿y España, qué posicionamiento va a adoptar?

No sabemos con exactitud qué postura nos vamos a encontrar por parte de la delegación española, que está siendo especialmente ambigua en todo este proceso. Por un lado, afirma que las consideraciones humanitarias son prioritarias, mientras que por otro defiende que se deben excluir del tratado algunos tipos de armas, las más modernas, curiosamente, las que se fabrican en nuestro país. No deja de ser cuanto menos sorprendente que un Gobierno que predica a los cuatro vientos su defensa de la paz, se muestre receloso y remolón cuando tiene la oportunidad de demostrar, con hechos y no palabras, su compromiso real.

Quizá aquellos que deciden por nosotros deberían, simplemente, escuchar a las víctimas:
“Sobreviví a la explosión de una bomba de racimo en septiembre de 2006. Por un momento deseé no haber sobrevivido. Ahora, un año después, puedo decir que soy afortunado de seguir con vida. A pesar de la destrucción causada por la guerra, somos capaces de rehacer los puentes y comenzar la reconstrucción. Pero ¿quién va reconstruir las vidas de la gente que ha sido mutilada o ha muerto por estas armas? Lo que cuenta es hemos sido testigo de la guerra y continuamos vivos para decirle al mundo que es necesaria la prohibición de las bombas de racimo. Miranos y verás por qué”. Mohamed Kassen Abbedd Snayeh, Líbano.

En Dublín, Marta San Román, prensa de Greenpeace.

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