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Archive for 28/06/10

Estos días vivimos uno de los mayores desastres ambientales como consecuencia del vertido de petróleo al mar. El accidente y posterior derrame de crudo causado por BP en aguas del golfo de México. Pero ¿sería posible algo parecido en nuestras aguas?

Salvando las distancias y las dimensiones, frente a las costas de Tarragona existen ocho pozos petrolíferos unidos a una plataforma de nombre “Casablanca” y otros dos pozos más en fase de autorización para ser explotados (Montanazo y Lubina). La autorización para ponerlos en funcionamiento debe proceder de los ministerios de Industria y Medio Ambiente. De momento no hay indicios, como ya ha sucedido con el presidente Obama, que el Gobierno español quiera imponer una moratoria para frenar nuevas prospecciones de petróleo en el mar.

Los nuevos pozos, Montanazo y Lubina, están situados respectivamente a 741 m y 643 m bajo el nivel del mar y hasta hace unos años no resultaban rentables económicamente su explotación. Sin embargo, el aumento del precio de los hidrocarburos hace que se asuman riesgos cada vez más altos, explorando aguas más profundas y lugares más inaccesibles. Igual que ha sucedido en el golfo de México.

Un vertido accidental o un derrame importante pondría en peligro uno de los humedales más importantes de la península Ibérica, el Delta del Ebro, y amenazaría las costas de Tarragona y Castellón. ¿Estamos dispuestos a correr semejante riesgo cuando la producción de petróleo en nuestro país apenas cubre el 0,15% del consumo?

Greenpeace ha demostrado que la única apuesta de futuro energético viable para nuestro planeta pasa por abandonar el petróleo gracias a una Revolución Energética basada en el desarrollo de las técnicas de ahorro y eficiencia energética así como de las fuentes renovables.

Julio Barea, responsable de la campaña de contaminación
- Noticia: Greenpeace pide una moratoria a la extracción de petróleo en aguas españolas

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Ártico, cerca de las Islas SevenContinuamos nuestra expedición por los frios mares árticos, bastante trabajo durante la semana, pero cada día vemos un nuevo lugar increible.

Vamos navegando hasta los puntos donde  están planificados los transectos para el estudio del fondo marino. Cada día lanzamos la cámara un par de veces y echamos y levamos ancla… ¡¡hasta 4 veces!! También usamos los botes en varias ocasiones para el reconocimiento del lugar.

Hasta ayer, hemos seguido rumbo al Norte buscando el borde de los hielos Árticos permanentes. El casquete polar Ártico está en retroceso a causa del calentamiento global, de modo que los hielos permanentes ocupan cada vez una superficie menor sobre el mar.

Finalmente no llegamos a ver este límite de hielos permanentes, pero sí llegamos a los 81°N donde ya estábamos completamente rodeados de hielo. Vimos bastantes focas y varias huellas de osos, aunque parecían antiguas. Los osos nadan grandes distancias en busca de alimento por lo que no es extraño encontrarlos sobre las capas de hielo a al deriva.

Lanzamos una vez más el ROV (cámara submarina) e inspeccionamos el fondo marino. A una profundidad de 161 metros bajo el hielo encontramos una enorme biodiversidad y especies que no habíamos visto hasta ahora. En estas latitudes ya tan cerca del Polo Norte, no llegan los buques pesqueros y son áreas que no sufren presión por las actividades extractivas. Pudiera ser por esto que encontramos una auténtica área de alevinaje, había centenares de larvas de peces, pterópodos, diversos corales y anémonas de colores, crustáceos y moluscos. Unas imágenes realmente coloridas y la verdad es que las películas más espectaculares que hemos tenido han sido en las mayores latitudes, cuando veíamos los hielos sobre el mar.

En dos ocasiones hemos tenido la suerte de poder observar el arco de niebla del ártico o como los marineros lo llaman “perro de mar”. Es una especie de arco-iris causado por las pequeñas gotitas de agua que provocan la niebla. Es un arco de luz blanca, aunque se pueden distinguir unos tonos rojizos en los arcos exteriores. Aunque he preguntado a varias personas, ninguna me ha sabido explicar todavía por qué lo llaman perro de mar. Seguiré indagando, seguro que tiene una bonita historia detrás.

El sábado celebramos la mitad de la estación del verano, que es una fiesta típica de los países nórdicos. También coincidía con mi cumpleaños y el de otro compañero, así que tuvimos una agradable velada con auténtica música en vivo; el capitán nos deleito con su guitarra y armónica. Entre tanto, una pareja de pájaros frailecillos volaba entre los guillemot alrededor de nuestro barco.

A bordo del barco Esperanza, en el Ártico, Tatiana Nuño Martínez, voluntaria de Greenpeace

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- Campaña de Océanos de Greenpeace

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