Marina Silva también se va. La voz de la Amazonía en el gobierno brasileño de Lula da Silva lo deja. Hastiada por el entreguismo de Lula a las grandes corporaciones e intereses contrarios al medio ambiente, Marina ha cogido su petate y ha dicho adiós. La peor noticia para la selva, y también para el Planeta. Nuestro Planeta.
En su carta de dimisión explica que no puede aguantar más la presión que están ejerciendo sobre ella quienes desean evitar la puesta en marcha de medidas que frenen la deforestación amazónica. Entre las medidas que han causado más revuelo está la resolución del gobierno federal que prohíbe la financiación pública o privada de propietarios de tierra involucrados en la deforestación. Una vez más, los pesos pesados de la industria han conseguido su objetivo: la cabeza servida en bandeja de una defensora del medio ambiente.
Esta noticia llega al mismo tiempo que se conocen los últimos y alarmantes datos que indican el nuevo récord en la concentración de CO2 en la atmósfera. La contaminación continúa cabalgando a sus anchas, y la situación de la Tierra empeora día tras día. Pero aquellos políticos que tratan de hacer frente a los problemas e impulsar políticas ecologistas, caen pronto víctimas de los intereses económicos.
En su día hablamos en este blog de la salida de Narbona por la puerta de atrás del gobierno de ZP. Hoy le toca el turno a Marina Silva. No son buenos tiempos para la Tierra, y tampoco para sus defensores. Nunca se habló tanto de medio ambiente como ahora, pero tampoco nunca se destruyó tanto. Maldita paradoja.
- Juan López de Uralde, director de Greenpeace
Para mi, el lujo es contemplar una playa virgen desde un acantilado, sin encontrar construcciones ni autopistas a mis pies. “Solo el mar erosionando las rocas o devolviendo la arena a la playa” Esto es lo que pasó por mi mente en Fuerteventura, mientras miraba extasiada la playa de Cofete desde el Barranco de los Canarios. No había calima, y mis ojos de ciudad, que no acostumbran a ver el horizonte, recorrieron una y otra vez aquel extenso y agreste paisaje. Los que hemos tenido la suerte de caminar por una franja costera intacta, lo tenemos claro. Queremos playas para todos y no puertos y hoteles para unos pocos.

Hace ya unos meses que dediqué una entrada de este blog al proyecto de construir en Los Monegros aragoneses un macro-complejo turístico dedicado al juego. Se llamó Gran Scala. La promotora del proyecto, una empresa llamada ILD prometía construir 72 hoteles, campos de golf y 32 casinos, 200 restaurantes y cinco parques temáticos. Todo ello contó en su presentación con el aval público y notorio del Gobierno de Aragón, y la oposición rotunda de los ecologistas.